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MUJERES EN LA VIDA DE ALBERT EINSTEIN

domingo, 4 de noviembre de 2012

Por Jesús Méndez Jiminián

"Tú significarás más para mi alma que lo que todo el mundo significó antes…". 
Carta de Einstein a Marie Winteler (1896) en "Las vidas privadas de Einstein" de Roger Higfield y Paul Carter.
 

  Albert Einstein (1879-1955) está considerado como el más grande científico del siglo XX, y probablemente de toda la historia de la Física. Tuvo, por tanto, sus afortunadas virtudes, y por qué no, sus defectos. Al fin y al cabo, los seres humanos no somos perfectos.

 De Einstein, se tiene al día de hoy una copiosa documentación sobre su vida científica; sobre todo, de sus extraordinarios aportes al campo de la física, y en general, a la Ciencia. Sin embargo, muchos de sus principales investigadores han obviado su vida sentimental; vale decir su vida privada.

  Desde luego, hay autores - muy contados por cierto-, que han dado a la luz pública ese lado de su yo. Quizás, y debemos destacarlo en esta parte de su vida, pese al hecho- muy poco conocido, de que fruto de la relación con quien él llevara a cabo su primer matrimonio, y esto ocurrió cuando tenía apenas 23 años de edad, nació su primer hijo (a), una niña, que dada su precaria situación económica y en común acuerdo con su entonces novia y compañera de estudios, Mileva Maric, de origen serbio, tuvieron que darla en adopción a una pareja hoy desconocida para el mundo. Al respecto daremos amplios detalles más adelante.     

 La primera relación sentimental de Albert Einstein ocurrió cuando él cursaba el tercer año, en la sección técnica de la Escuela Cantonal de Aarau, en Suiza, donde había ido a estudiar, ya que sus padres buscando una mejor vida tuvieron que trasladarse a Milán, Italia. Él tenía entonces17 años de edad, y vivían todos en Munich, Alemania.

 Einstein por estos años, se hospedó en la casa de un amigo de sus padres llamado Jost Winteler, que era profesor, y de quien se dice que por el cariño que le tomó, Einstein lo llamó "Papá Winteler". El señor Winteler y su esposa tenían varias hijas. Allí recibió el jovenzuelo Einstein el primer flechazo de cupido, que sepamos hoy. El matrimonio Winteler tenía una hija de nombre Marie, que logró cautivar el corazón del muchacho de origen judío- alemán. Ambos jóvenes tenían en común algo que los acercó de una vez: la música. A Marie le gustaba tocar el piano, y a Einstein el violín, por lo que en seguida comenzaron a actuar como dúo.

 La relación Albert- Marie contó en lo inmediato con la aprobación de los padres de ambos. De Marie se ha destacado por parte de algunos biógrafos de Einstein, que era la hija más bella del matrimonio Winteler. Por cierto, de este noviazgo de Einstein se han logrado conservar algunas cartas, entre ellas ésta, en la que entre otras cosas, el entonces joven Einstein manifiesta el "tono tierno y amoroso" de un primerizo en las cosas del amor: "Muchas muchas gracias por tu encantadora cartita, que me hizo inmensamente feliz (...) Solamente ahora comprendo lo imprescindible que mi querido rayo de luz ha sido para mi felicidad (…)"

"No se sabe cuando terminó exactamente este romance, aunque por las cartas que se conservan no debió de ser antes de diciembre de 1896 o principios de 1897. Parece que fue Einstein quien lo puso término, para desconsuelo de su madre Pauline, que incluso mantenía correspondencia con Marie. En septiembre de 1896, Einstein finalizaba sus exámenes en Aarau y tendría que ir a estudiar a Zurich", indica Albino Arenas Gómez en su obra "Albert Einstein"

De esta breve estancia del joven Einstein en Aarau, se revolverían algunas cosas muy importantes para su vida y futuro inmediato. Por ejemplo, él tenia por estos días la duda de si estudiar física o matemática. Se inclinó por la física finalmente. Además, decidió estudiar para profesor "en lugar de hacerse ingeniero" como tenía pensado.

 Respecto a lo que Einstein denominó por aquellos días "Mis planes para el futuro", explicará luego el por qué había "optado por seguir una carrera científica: (…) Por encima de todo está- dijo-mi inclinación por lo abstracto y por el pensamiento matemático…; a uno siempre le gusta hacer aquello para lo que está dotado".  
         
Contrario a lo que algunos sabelotodo piensan y dicen, sin tener conocimiento de causa, Einstein fue un buen estudiante. No fue excelente siempre, pero al menos logró ser notable en sus estudios. Prueba de ello fueron sus calificaciones, incluidas las universitarias. Desde luego, a él no le gustaban los idiomas, pese a que con el paso de los años sabía: alemán, francés, inglés y un poco de italiano. Le gustaba la historia- aunque no más que las matemáticas y la física-; pero nunca estuvo a gusto con la geografía, el arte y el dibujo técnico. 

Einstein renunció a la ciudadanía alemana, logrando obtener la suiza en 1897; y pudo así ingresar después de aprobar unos exámenes, en la Escuela  Politécnica de Zurich, Suiza. En esta institución logró entablar amistades con varios compañeros de clases, en particular con aquellos a los que estaría ligado toda su vida: Marcel Grossman, Michele Angelo Besso, y la que sería su primera esposa- como ya comentamos anteriormente-, Mileva Maric. La Maric estudiaba entonces ciencias y matemáticas. Era la única mujer del grupo. Sin embargo, de "todos sus amigos, parece que fue Grossman, en particular, quien mejor entendió el carácter independiente y decidido de Einstein. Grossman comprendió hasta qué punto le irritaba y frustraba  (a Einstein, n. de j.m.j.) el verse obligado a asistir  con regularidad a clases que le aburrían (…) también sabía que Einstein necesitaría la información impartida en las aulas para aprobar los exámenes". Grossman le prestaba a Einstein sus apuntes, con los cuales él (Albert) logró graduarse en 1900, en la Escuela Politécnica con excelentes calificaciones. Los que deseen pueden ver el resumen de estas notas en "Albert Einstein" de Albino Arenas Gómez.

"Hacia el otoño de 1901 Einstein encontró un trabajo como preceptor de varios niños que terminaban la enseñanza media (…) Einstein debía prepararlos para el examen final. Pero tampoco allí estuvo mucho tiempo. Terminó todo con el despido de Einstein. Parece ser- apunta Arenas Gómez en  su citada obra- que la orientación que pretendía dar a la formación global de los niños no coincidía con la idea del director de la escuela".


                A los pocos meses de la muerte del padre de Albert Einstein (10 de octubre de 1902, en Milán), logra éste   contraer matrimonio con Mileva Maric (6 de enero de 1903, en Berna, Suiza), no obstante a la oposición de ambos padres de Einstein. "Según parece, hay indicios obtenidos moderadamente de las cartas de Einstein, que fruto de esa relación fue el nacimiento de una niña en enero de 1902, a la que Einstein se refiere con el nombre de Lieserl. En el año 1987 se encontraron las cartas, por lo que antes de esta fecha se desconocía por completo todo lo referente a este suceso", comenta Arenas Gómez en su obra.           


              De lo último que anotamos anteriormente, se desprende que el matrimonio Einstein-Mileva Maric se llevó a efecto un año después del nacimiento de la pequeña Lieserl. Parece ser, que esto del matrimonio ocurrió como una forma de no destruir la relación entre ambos, y esperar tiempos mejores. Y así fue.         

                                                                                                          
Sin embargo, tiempo después del divorcio de Einstein con la Maric, "Se ha especulado con una posible causa en un sentimiento de culpabilidad por lo ocurrido, y tal vez también hacia Einstein por haberlo consentido (es decir, lo de entregar a la niña en adopción, n. de j.m.j.). Einstein, han apuntado algunos, siempre se quedó con la idea de que en su vida aparecería 'alguna posible Lieserl'". La realidad fue otra, pese a que años después adoptó una hija. La depresión se hizo presente en él  por aquellos días. En su auxilio acudió su gran amigo Marcel Grossman, quien habló con su padre para ayudar a Einstein a conseguir un trabajo. Así lo hizo. El padre de Grossman habló con un amigo suyo, que era entonces director de la Oficina de Patentes en Berna, el señor Haller. Mientras tanto, Einstein, se defendía dando clases particulares de matemáticas y física para estudiantes de secundaria y universitarios. 

Por otro lado, la familia del primer amor de la vida de Einstein no lo olvidaba. La relación de los Winteler con Einstein se había hecho más estrecha de lo imaginado. Uno de los mejores amigos de Einstein, colega suyo, Michel Angelo Besso, casó con Anne, hermana de Marie Winteler. Y la hermana de Einstein, Maja, contrajo matrimonio con Paul Winteler, su excuñado. Así que, Einstein quedó ligado a los Winteler hasta el final de sus días. 

Encontrándose Einstein trabajando en la Oficina de Patentes de Berna (1902-1909), como técnico de patentes, nace el primer varón del matrimonio Einstein-Mileva Maric: Hans Albert; y un año antes de abandonar su trabajo allí, es decir, en 1908, obtiene el puesto de profesor extraordinario de la Universidad de Berna. En 1910 nació el segundo hijo de Einstein: Edouard.

El año de 1905 fue un año maravilloso para Albert Einstein, en lo que respecta a su labor científica. Pues muy a pesar de su corta edad, 26 años, sus trabajos lograron revolucionar el campo de la ciencia. Ese año, Einstein  publicó seis trabajos de investigación científica, que lo apuntalaban "como uno de los físicos más grandes" de todos los tiempos. 

El primer artículo de Einstein publicado en la prestigiosa revista "Anales de Física" el 17 de marzo de 1905, versaba sobre "el efecto fotoeléctrico", que aplicaba a la teoría cuántica, "recién nacida de la mano de Max Planck (otro genial físico alemán del siglo XX, y luego gran amigo de Einstein, n. de j.m.j.).  El 14 de diciembre de 1900 (…). Este trabajo le valió para el premio Nobel de Física en 1921. "

Un segundo trabajo de Einstein salió casi mes y medio después del primero, el 30 de abril de 1905 en la misma revista, y su título era "Una nueva determinación de las dimensiones de las moléculas", con ese trabajo consiguió Einstein el grado de doctor en Física (1905), y pretendía "calcular el tamaño de las moléculas". "Su tercer artículo vería la luz pública el 11 de mayo de 1905, y explicaba el movimiento browniano (…).  El cuarto artículo (30 de junio de 1905) se titulaba "Sobre la Electrodinámica de los cuerpos en movimiento, y en él Einstein establece la famosa teoría especial de la Relatividad. El quinto artículo (27 de septiembre de 1905) era una especie de consecuencia del artículo sobre la relatividad. En unas pocas páginas obtenía la ecuación más famosa de la ciencia: E=mc2. El sexto artículo (19 de diciembre de 1905) consistía en una segunda parte del tema anteriormente tratado del movimiento browniano." 

Como parte importante, apuntaremos esta nota curiosa para compartir: "…el fundador de la teoría de la Relatividad crea su teoría sin ser doctor, cuando se supone que tal título de doctor es el que oficialmente habilita para realizar investigaciones. Y lo mismo podemos decir de su primer artículo, el del efecto fotoeléctrico, y que le valió el premio Nobel".

Aunque hoy día, ya sabemos, Einstein es más conocido por su Teoría de la Relatividad, de la que una vez al ser cuestionado, dijo estas geniales palabras para que el más simple de los mortales la entendiera:

"Si estás cortejando a una chica atractiva, una hora parece un segundo. Pero si te sientas sobre unas ascuas (es decir, sobre fuego, n. de j.m.j.), un segundo parece hora. Eso es la relatividad". 

 "Como anécdota - dice Arenas Gómez -añadamos que Einstein prefería para su teoría (la de la Relatividad, n. de j.m.j.) el nombre de teoría de invariantes, le parecía más exacto y mucho menos equivoco, pero se impuso el de relatividad, que le dio Planck, un año después… se popularizó la teoría, que, se resumiría en la frase: 'todo es relativo', que no es la idea de la teoría".


Más adelante, haciendo referencia a lo último que anotamos, Arenas Gómez señala: "No significa de ningún modo que todo en la vida es relativo, diría Einstein en 1929. Einstein intentó cambiar el nombre a su teoría en los años veinte, pero ya fue imposible. De hecho, no utilizó el nombre de Teoría de la Relatividad hasta 1911 en los títulos de sus artículos. El título del artículo con el cual nace la Teoría de la Relatividad no lleva tal nombre, sino otro que parece no tener nada que ver en ello: 'Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimientos'".

Toda la producción científica de Einstein, en 1905, la realizó ocupando funciones de técnico de patentes de tercera categoría en la oficina de Berna. Carl Seelig, uno de los principales biógrafos de Einstein, señala que todos los trabajos publicados por él en ese año manifestaron su verdadera genialidad, y que fueron creados "en auténtica soledad", dedicando para ello hasta diez horas diarias. "Nunca más volvió Einstein a producir nada parecido", dice Arenas Gómez con mucha certeza en su citada obra. 

"La Teoría de la Relatividad había surgido de una pregunta que Einstein se había planteado cuando tenía 16 años: ¿Cómo veré un rayo de luz si lo persigo con la velocidad de la  luz? Tardo diez años en encontrar la repuesta, y sólo cinco o seis semanas en escribir el famosos artículo cuarto de 1905 donde establece la Teoría de la Relatividad". El artículo en cuestión no contiene en ningún párrafo la palabra Relatividad. Tampoco en el título ¡por supuesto!

Tiempo después, para dedicarse a la docencia universitaria como profesor adjunto de la Universidad de Zurich, Einstein dejó la Oficina de Patentes de Berna después de casi ocho años continuos de labores. Recordaría luego aquellos tiempos con cierto grado de nostalgia, pensando que en aquel lugar"tuvo las ideas más brillantes de su vida"  en el campo científico. Posteriormente, Einstein estará como docente, en 1909, en la Universidad Praga, donde intercambiaría con relevantes figuras del campo  de la ciencia, entre ellos el célebre matemático Henri Poincaré y la genial Marie Curie, ambos franceses; respecto a madame Curie, Einstein llegó a decir en una ocasión que es "…de todos los seres célebres, el único que la gloria no ha corrompido". La amistad entre ella y Einstein perduraría hasta la muerte. Einstein acompañó a la Curie en algunas excursiones, en las que intercambiaron sus puntos de vista sobre el mundo de la ciencia. 

"Durante la estancia de Einstein en Praga-anota Arenas Gómez-, ya se habían manifestado los problemas matrimoniales entre él y su mujer Milena que terminarían en divorcio en 1919, precedidos de la separación entre ellos. Milena deseaba volver a Zurich; Einstein también prefería a Zurich pero no había recibido una oferta mejor que la de Praga, aunque no tardaría en recibirla."

Otras universidades por aquellos días, también manifestaron el deseo de que Einstein formara parte de su cuerpo profesoral, pues su nombre ya gozaba  de un buen ganado prestigio en los círculos científicos del mundo. Además, se estaban produciendo en estos días,  diligencias de su gran amigo Marcel Grossman con la finalidad de que Einstein impartiera docencia en a Escuela Politécnica de Zurich, donde ambos habían estudiado, y en la que ahora Grossman era Catedrático de Matemática y Director. Finalmente, Einstein aceptó la oferta de su amigo Grossman, siéndole éste muy útil a Einstein para las bases matemáticas de la Teoría de la Relatividad General. Asimismo, ya años atrás, en 1913, se había  producido el ingreso de Einstein como miembro de la sociedad científica más prestigiosa del  planeta: la Real Academia Prusiana de Ciencias. 

Tras su divorcio de Mileva Maric, el 14 de febrero de 1919, Einstein contrajo matrimonio en junio de ese año con su prima Elsa Einstein Lowenthal, que ya participaba muy estrechamente con él de sus actividades intelectuales y del cuidado de su salud. El parentesco de Albert Einstein con su prima Elsa"era por doble partida. El  del padre de Albert, y la madre de Elsa era Fanny Koch, hermana de Paulina Koch, la madre de Albert".  Elsa tenía dos hijos de su primer matrimonio, que vivirían con la nueva pareja: Ilse y Margot. Aquí podría estar, posiblemente, una de las claves del deseo de Albert Einstein de tener a su lado a quien considerar como hija suya tras lo ocurrido con la pequeña Lieserl, en 1902. Junto al matrimonio Albert-Elsa también se fue a vivir con ellos Pauline, la madre de Albert, quien al poco tiempo enfermó, falleciendo en marzo de 1920. Precisamente, ese mismo año conoció Einstein al célebre científico danés Niels Bohr, con quien no obstante a la amistad que les unió hasta la muerte, mantuvo una "controversia sobre la física cuántica".

Durante la década de los años 20, Einstein viaja de forma continua por Europa, América, Japón y Palestina. Pero, recordaremos que en plena Primera Guerra Mundial (1914-1918)  en Alemania, se produjo una terrible escasez alimentaria, situación  esta que en lo personal afectó a Einstein de una forma tal, que producto de su pésima alimentación enfermó del hígado, úlcera estomacal y otros males, Arenas Gómez en su obra describe tal situación con estas palabras: "La actividad de Einstein (en 1919, n. de de j.m.j.)  es enorme y ello va a repercutir en su salud. Con su traslado a Berlín, Einstein había vuelto a cambiar de trabajo. La vida de Einstein en estos últimos años ha sido muy ajetreada (…)". 

Y por otro lado, más adelante comenta de esta situación, esto que copiamos:"Su prima Elsa que vive en Berlín, le ayuda y la familia de ella le proporciona alimentos adecuados (…) Einstein pasará en cama muchos meses durante la guerra. Los cuidados de su prima Elsa serán determinantes para que Einstein vaya recuperando su salud", han afirmado algunos biógrafos del genial científico. 

A finales del año 1992 cuando Einstein iba de viaje para Japón recibió "un telegrama en que le comunicaron la concesión del premio Nobel de Física del año 1921 por sus contribuciones a la física teórica y especialmente por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico (…) La concesión del Premio Nobel a Einstein originó un pequeño conflicto diplomático. Einstein no lo recogió en persona. Lo recogió a su nombre el embajador alemán. Pero ¿no debió ser embajador suizo?, porque aunque Einstein había nacido en Alemania, había renunciado a esa ciudadanía y durante varios años había sido apatrida antes de obtener la ciudadanía suiza (…) Pero, por otra parte, el gobierno alemán pensaba que Einstein era alemán, puesto que era funcionario y para ello era preciso tener nacionalidad alemana. Einstein había tenido que prestar juramento como funcionario al tomar posesión como miembro de la Academia Prusiana de Ciencias. Después de discusiones legales al respecto, la Academia Prusiana determinó que al tomar, posesión como académico, Einstein se convertía en ciudadano alemán, aunque seguía teniendo la ciudadanía suiza". Finalmente tiempo después, recibió de la mano del embajador suizo el premio de la Academia Sueca.

De la Teoría de la Relatividad llegó a decir Einstein mientras visitaba  España, en 1923, que era "La culminación de la física de Galileo y Newton", sus dos referentes en el campo científico. A su mujer, Elsa, le llegaron a preguntar en esta gira junto a su esposo si conocía la Teoría de la Relatividad, a lo que ella respondió: ¡Oh no! Aunque me la he explicado (su marido, n. de j.m.j.) muchas veces no la comprendo; pero no necesito comprenderla para ser feliz.

Cuando Albert Einstein llegó por primera vez a los Estados Unidos de Norteamérica, en 1921, fue recibido por el presidente de esta nación, en Washington, Warren Harding; durante esta visita pronunció conferencias en las universidades de Columbia, Chicago, Boston y Princeton sobre la Teoría de la Relatividad. En este viaje de Einstein fueron recaudados fondos para la naciente Universidad Hebrea de Jerusalén.  Al partir de los Estados Unidos, Einstein llegó a Inglaterra, donde visitó la tumba de Isaac Newton.

En 1930, Einstein visitó, tras una invitación oficial, Cuba, donde los días 19 y 20 de diciembre pronunció también conferencias. Regresó a los Estados Unidos, en su tercera visita, en 1933, tras la llegada de Hitler al poder en Alemania; le fueron en este año confiscados sus bienes por los nazis, refugiándose de forma definitiva en Princeton, Nueva Jersey, hasta al final de su vida en 1955. Adquirió la ciudadanía norteamericana en 1940, junto a su hijastra Margot y su secretaria particular Helen Dukas. Ya su segunda esposa, Elsa, había fallecido en 1936 en Princeton donde se fue a vivir con Einstein junto a sus hijas; en 1939, su hermana Maja falleció allí tras cinco años en cama producto de una parálisis en 1951. 

LOS  AÑOS  FINALES      

Tras su estancia de más de dos décadas en Princeton, Einstein fue haciendo conciencia de otros temas relevantes para la opinión pública. Comenzó a escribir y a publicar con cierta asiduidad sobre temas como "educación, política, libertad, guerra, pacifismo, judaísmo, etc. También sobre la filosofía (...)". Su relación estrecha de amistad con el gran filosofo y matemático inglés Bertrand Russell le llevó a tomar posiciones en ese campo. Hacía todo esto, pese a que  su salud no estaba bien."Desgraciadamente, fumo mucho, aunque se que el tabaco perjudica a la salud y a la memoria. Por esa misma razón no pruebo alcohol (…)", llegó a decir en una ocasión.

A lo anterior deberíamos de agregar, que además, en los últimos años de su vida, Einstein tuvo momentos difíciles en el plano familiar como hemos señalado. Uno de los episodios más tormentosos fue la pérdida de su hermana Maja, producto de una parálisis progresiva. "Todas las tardes a las seis, Albert dejaba lo que estuviera haciendo y se dirigía a la habitación de su hermana. Incluso -se dice -llegó a leerle el diálogos sobre los dos mayores sistemas de Galileo". Tras la muerte de Maja, Einstein, le escribió a un pariente suyo una carta en la que expresaba este lamento doloroso sobre su hermana: "(…) Ahora la echo de menos más que lo que nadie puede imaginar".

Pero también, años atrás, en la década de los años 30, Einstein sufrió la perdida  de otros seres queridos: en 1934 falleció su hijastra Ilse, en Paris; y en 1936, muere su mejor amigo: Marcel Grossman.  Es por estos años cuando a Einstein, le diagnostican "Aneurisma en la aorta del abdomen", enfermedad que finalmente con el paso de los años le llevará a la muerte.

Einstein rechazó en 1952 la presidencia del estado de Israel, que le habían ofrecido. Dos años atrás, previendo el final de sus días, mediante testamento donó su casa en Princeton y sus libros a su secretaria particular Helen Dukas, que al decir de algunos de sus biógrafos: "más que su  secretaria era su ángel guardián". Einstein, sin embargo, dejó escrito que tras su muerte no quería que su casa de Princeton se convirtiera en centro de peregrinación. Precisamente, esto lo pudimos constatar tras una visita que hicimos allí en la primavera de este año a esa hermosa ciudad norteamericana que cumple su bicentenario de fundación, y donde a poca distancia hay una casa- museo, que guarda entre otras cosas, objetos personales del genial físico, así como el manuscrito original de su Teoría de la Relatividad General.

Casi todos los manuscritos y otros documentos de Einstein,  según su testamento, pasaron a ser propiedad de la Universidad Hebrea de Jerusalén; a su nieto Bernhard Caesar, hijo de Hans Albet Einstein, su abuelo le donó su violín; "violín que había dejado de tocar los últimos años" y donde magistralmente tocaba entre otras, las piezas maestras de Mozart y Vivaldi, dos de los grandes músicos favoritos suyo.

En 1955, Einstein sospecha que ya le queda muy poco tiempo de vida, y encamina ciertos pasos a dar muestras de gratitud hacia algunos seres queridos. Por ejemplo, escribe un trabajo recordando a su mejor amigo Marcel Grossman que había fallecido casi 20 años atrás; también  dedica otro trabajo a su amigo de juventud Michel Angelo Besso.

"el 15 de abril de 1955, Einstein ingresa en el hospital de Princeton. Se ha roto el aneurisma que padecía. Se avisa a su hijo Hans Albert, quien se traslada inmediatamente desde California a Princeton. Pasa con su padre los dos últimos días de su vida, el 16 y 17 de abril (…). Al día siguiente de su ingreso en el hospital, sábado 16 de abril experimenta una mejoría, hasta tal punto que telefonea a Helen Dukas, (su secretaria, n. de j.m.j.). Quiere continuar trabajando en el hospital y le pide útiles de escritura y las hojas con sus últimos cálculos y las gafas. En el hospital pasará las últimas horas de su vida tratando de desenmarañar el misterio del Universo que se le resiste fiel a sí mismo hasta el final. Ha mantenido su coherencia personal y científica hasta el último momento. La noche del domingo 17 descansa tranquilamente. Pasando la una de la madrugada, siendo, por tanto, ya lunes 18 de abril, la enfermera notó algo y se acerca, le oyó murmurar algo en alemán y esas serían las últimas palabras de unos de los mayores genios del siglo XX: Albert Einstein.

Tal y como había sido acordado, el cerebro de Einstein  iba a ser estudiado. De modo que le realizaron la autopsia y le extrajeron su cerebro. Hasta la fecha parece que no se ha obtenido ninguna conclusión de ese estudio. Quizás en el futuro.
      
Su cadáver fue incinerado y sus cenizas esparcidas en un lugar desconocido por expreso deseo de Einstein. Tampoco por deseo del genio 


Montreal, Canadá.
4 de agosto del 2012


 El autor es ingeniero, escritor,  Miembro de la Cátedra "José Martí" en la UASD,  y de la Real Sociedad de Historiadores.

SANTIAGO DE AYER: EL NORTEAMERICANO QUE CONSTRUYÓ EL PUENTE DE GURABITO

jueves, 18 de octubre de 2012



POR JESÚS MÉNDEZ JIMINIAN


 “No, mi amigo, yo no le nombro Interventor de Aduanas, porque Ud. hace gritar la gallina al desplumarla”. ~ “COSAS DE LILIS” de Víctor M. de Castro.


 SE HIZO POR LA SUMA DE TRES MIL PESOS

Antes de instaurarse en el país la dictadura de Lilís, ya que se debatía en el Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros, una obra considerada de trascendental importancia vial  para esta ciudad: el puente sobre el arroyo Gurabito.

Una muestra de lo que anteriormente citamos, es el hecho de que en la sesión del 14 de Agosto de 1885, en uno de los temas que se debatían se acordó lo siguiente: “Nombrar una comisión compuesta del Presidente, Sindico y regidores T. Cordero y R. Muñoz, para que procuren avistarse con el ingeniero don E. Gros (norteamericano, n. de j.m.j), y traten de averiguar bajo qué condiciones se encargaría de la construcción de un puente sobre el arroyo Gurabito ” Y más adelante, decía la referida resolución, lo siguiente: “Tomar en consideración las proposiciones del ingeniero E. Gros”.

Sin embargo, debemos de destacar aquí, que otros profesionales de la ingeniería, norteamericanos, también se encontraban siendo consultados entonces por las autoridades municipales. Y en la sesión  celebrada por el Honorable Ayuntamiento del municipio de Santiago, podemos apreciar que en fecha de 17 de Agosto de 1885, es decir, apenas tres días después de la anterior, se consignó lo que copiamos: “Se dio lectura a una solicitud suscrita por el ingeniero norteamericano Lawren B. Bidwell, en el cual propone al ayuntamiento la construcción de un puente sobre el arroyo “Gurabito” por el camino recto, de 39 varas de largo y 9 de ancho total, por la suma de tres mil pesos o bien encargarse de la dirección de la obra por la retribución de cinco pesos diarios.

¿Cómo llegaron los ingenieros E. Gros y Lawren B. Bidwell a Santiago? En el caso de Gros no hay informaciones que hayamos encontrado todavía sobre su permanencia en Santiago; pero en el caso de Bidwell, debemos de señalar, que antes de trasladarse a vivir a Santiago, tenía residencia en La Vega como él mismo manifestó en una de sus intervenciones en la Sala Capitular del Ayuntamiento; allí parece ser que estaba siendo consultado sobre el proyecto de canalización del río Yuna.

El ingeniero Gros expresó también ante los miembros de la Sala Capitular del Ayuntamiento de Santiago, señalando que: “estaba dispuesto a llevar a cabo la construcción del puente sobre (el arroyo) Gurabito, por el camino de Jacagua, por la cantidad de dos mil quinientos pesos, o bien encargarse de la dirección de la obra por la suma de $300”.


 El señor Gros  “Presentó un presupuesto… de todos losmateriales y efectos necesarios para la construcción de la proyectada obra”.

La obra era tan importante para Santiago, que desde entonces la sala capitular comenzó a celebrar sus secciones casi a diario. Por ejemplo, las autoridades municipales contactaron de nuevo al señor Bidwell para que asistiera  a la sesión extraordinaria del día 18 de agosto de 1885 en la tarde. Los miembros del honorable Ayuntamiento eran entonces: don Augusto Espaillat, presidente; C. Sully Bonnelly, sindico, y los señores Rafael Muñoz, José Tolentino, Miguel Muñoz, Leonidas Ricardo y Teófilo Cordero Bidó, en su condición de regidores, Lorenzo J. Perelló hijo, era el secretario. 



 A la sesión celebrada el 20 de agosto del indicado año se presentó, para exponer sus servicios, el destacado maestro de la construcción santiagués, don Onofre de Lora, quien declaró que: “se presentaba ante el Hon. Ayuntamiento (…) porque había recibido la comisión de este Ayuntamiento para tratar de la construcción de un puente sobre el arroyo de Gurabito, y que… estaba dispuesto a contratar con él dicho puente por la suma de $1000, como había convenido con algunos de los miembros de la Sociedad El Progreso; había advertido a la dicha comisión que, aunque hubo preliminares de contrato por la suma referida, éste no pudo llevarse a cabo por la introducción de importantes modificaciones”. De Lora, ante esta nueva situación, según se señala en el Boletín Municipal, índico que la obra valía al menos unos dos mil pesos, “suma por la cual estaba dispuesto a realizarla”.

Sin embargo como expresó el mismo Onofre de Lora, “no se llegó a ningún avenimiento (SIC)…” con la comisión designada por el Ayuntamiento local.

Poco después de esta decisión de De Lora, el Ayuntamiento en pleno acompañó días posteriores al ingeniero L.B. Bidwell al lugar donde se levantó el puente, y se recomendó que tomara “Las medidas convenientes en particular, y que asegurara la solidez, estabilidad y demás garantías de la obra…”. 

En la sesión del día 22 de agosto de 1885, se presentaron los planos del puente, que fueron llevados a cabo por el ingeniero D.E Gros. A esa reunión se presentó Bidwell  acompañado de un paisano suyo, el señor James Palmer.

El Ayuntamiento le solicitó, en esta sesión, a Bidwell, documentación de su título de ingeniero, quien a su vez le indicó tenerlo guardado con su residencia de La Vega. Sin embargo, los miembros de la sala capitular de Santiago quedaron satisfechos de las recomendaciones hechas por Bidwell sobre la construcción del puente en cuestión.

Por su parte, la Sociedad “El Progreso” había señalado al Ayuntamiento local, su disposición de cubrir parte del monto acordado para levantar el puente de Gurabito, de acuerdo a sus disponibilidades.

En la sesión del día 24 de agosto de 1885, se resolvió invitar para el día 25 de agosto a los señores: el Gobernador de la provincia, señor J.M. Glas y Pílades Steffani, F. Llinás, Onofre de Lora, E, Diaz, Julio J. Julia, Pedro Patxot, J.J. Hungria, Augusto Gonzalez, Pbros. Juan Luis Pérez y Emilio Santelises “para presentarle el plano y oir las observaciones que estos señores creyesen prudentes para el mejor éxito de la obra…”.

El ingeniero Bidwell acudió a la sesión del 25 de agosto de 1885, y contestó; después de presentar los planos, todas las preguntas pertinentes de los presentes sobre el desarrollo de la obra; en esa misma sesión fueron aprobados a unanimidad dichos planos.

Para establecer las bases del contrato con el señor Bidwell, se designó una comisión compuesta por las siguientes personas: Teófilo Cordero, Rafael Muñoz, C. Sully Bonnelly, Carlos Bello y Lorenzo J. Perelló; estos dos últimos, en su calidad de abogado y tesorero municipal, respectivamente.

Por aquellos días, también se le había propuesto, en Santiago, al ingeniero Bidwell, la construcción de una cárcel. Tal dato puede comprobarse del acta de la sesión llevada a cabo el 20 de octubre de 1886, en el Ayuntamiento local. Es muy probable que esta cárcel que construyera Bidwell sea la que se encuentra en la Fortaleza San Luis, hoy.

Lo cierto es, que Bidwell concluyó el puente de Gurabito en el año 1887. La Tesorería municipal en su “Resumen General de los ingresos y egresos” del año 1887 reportó, por ejemplo, que por concepto de la “una cuenta de lo gastado en hacer una calzada en los cimientos del puente de Gurabito”, se erogó la suma de $197.42 ½”. Otro dato es, que por concepto de la pintura de dicho puente se gastó: $25.40; de igual forma, a Bidwell le fueron entregados sus $300.00 en su calidad de Director de la obra.

Como dato curioso, el ingeniero Bidwell se quedo viviendo en Santiago donde se desempeñó también como profesor de matemáticas en la escuela “San Lorenzo” donde recibió un pago mensual de $20. De igual modo, ese mismo año, 1887, le fueron pagados a Bidwell la suma de $16 por “reconocimiento en la iglesia N.S. del Carmen y las piedras de la Angostura”.

En la sesión del 23 de noviembre de 1886, en el Ayuntamiento de Santiago, aparece con relación al ingeniero Bidwell, lo siguiente: “El Síndico expuso que: como el señor Rafael A. Reinoso no podrá continuar dando clase de aritmética en el “Colegio Central”, por haber sido nombrado Inspector de escuelas… pedía que en su remplazo fuese nombrado el señor Lawson B. Bidwell”.

Como hemos podido apreciar, el ingeniero Bidwell hizo notables contribuciones a Santiago de los Caballeros. Ahora bien, cabe preguntarnos, ¿Quién le ha rendido tributo a sus aportes? Debería, al menos, un centro educativo de Santiago honrar la memoria del ingeniero Lawson B. Bidwell. “Honrar, honra”. Sea usted el jurado.

                             
El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Cátedra “José Martí” de la UASD y de la Real Sociedad de Historiadores.

LA ESCUELA NORMAL DE SANTIAGO DE LOS CABALLEROS

domingo, 14 de octubre de 2012

Por Jesús Méndez Jiminián


 La apertura de la Escuela Normal, en Santiago, y su posterior puesta en funcionamiento recibió muy poco respaldo del pueblo y las autoridades de entonces en esa ciudad. El empeño puesto de manifiesto, primero por el General Luperón, y después por el Padre Meriño desde la Presidencia de la República, al parecer no logró calar en el seno de la sociedad de la localidad cibaeña.

 Durante la sesión del día 10 de diciembre de 1880, que contó con la participación de la mayoría de los miembros del Honorable Ayuntamiento de Santiago, compuesta por los ciudadanos J. Jiménez, que se desempeñaba como presidente interino, don Teófilo Cordero, F. Augusto González, Ulises Francisco Bidó, Onofre de Lora y Julio J. Julia, acompañados del síndico J. Alejandro González y del secretario municipal J. de J. Álvarez participaron, además del señor Casimiro Nemesio de Moya, en su calidad de Ministro en Comisión del Gobierno y el Gobernador de la provincia de Santiago Miguel A. Pichardo. 

 De Moya participaba con la expresa intención y bajo la voluntad del entonces presidente Meriño, para hacer saber el empeño que “tiene el gobierno de establecer la Escuela Normal en esta ciudad”. Sin embargo, pese a lo largo de su conversación y el énfasis puesto en el objetivo central, por las autoridades municipales, posteriormente se cometieron errores de relevancia que pusieron en peligro, y ulteriormente sepultaron la idea hostosiana, de poner en marcha esta verdadera revolución educativa en la ciudad corazón. 

 ¿Cuáles fueron esos errores cometidos?

 En primer lugar, las autoridades de Santiago tenían mucho empeño en la buena marcha del Colegio Central Municipal, que entonces era como una especie de competencia educativa para la Escuela Normal. Amén, de que sus programas educativos eran similares, y los profesores de la Normal eran prácticamente los mismos que los del Colegio Municipal. 

 Otro punto conflictivo era, que se estaba produciendo la renuncia de algunos profesores del Colegio Central Municipal para tener exclusividad en la Escuela Normal. Y lo peor aún era que, la Normal estaba alojada en la misma edificación del Colegio Central Municipal. Es decir, esto era una especie de fusión que en breve tiempo creó un cierto malestar.

 Las anteriores situaciones, unidas a la precariedad económica con que se desenvolvía la municipalidad provocaron una de dos: o que desapareciera, como luego sucedió, la Escuela Normal, o que fuese el Colegio Central Municipal. Lo cierto es, que el director de la Escuela Normal, de nacionalidad venezolana, y desconocido en Santiago, por entonces, el abogado y educador León Lameda, fue sintiéndose impotente ante el ahogo económico que tuvo la Escuela Normal, donde los materiales educativos provistos por el gobierno para dotar dicha institución no llegaban, amén, de la apatía de la ciudadanía para inscribirse en ella, pronto la hicieron desaparecer. Al doctor Lameda no le quedó más remedio que presentar su renuncia ante el Ministro de Instrucción, señor Eliseo Grullón. 

 El proyecto de la Escuela Normal en Santiago de los Caballeros duró pocos meses. Sucumbió a mediados del año de 1881, es decir, en el transcurso del primer año del gobierno del Padre Meriño; y esto no fue producto, como se ha querido vender, de posiciones encontradas en términos de visión educativa entre Hostos y el Padre Meriño. No.

 La Normal en Santiago de los Caballeros fracasó producto de ciertos celos manifestados por sectores de la sociedad santiaguera unida a los errores, hasta cierto punto, infantiles, cometidos por las autoridades de entonces, y la situación económica prevaleciente por aquellos días. Vino luego el gobierno de Ulises Heureaux y la enemistad de Hostos con Lilís castró su desarrollo, y al ilustre educador puertorriqueño no le quedó otro camino que autoexiliarse durante más de una década en Chile. Así las cosas.

 El autor es escritor, ingeniero, miembro de la Cátedra “José Martí” de la UASD y de la Real Sociedad de Historiadores.

¿DEBE LA IGLESIA CATÓLICA SEGUIR ACOGIENDO LOS RESTOS DE LILÍS?


Por Jesús Méndez Jiminián 


 “El amor a la Patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes.” - Juan Pablo Duarte


Ulises Heuareux Lilís
  El pasado 17 de septiembre del presente año, apareció en la página 18 del prestigioso periódico vespertino y gratuito de Santiago de los Caballeros, Voz Diaria, Año 2, Número 356, un trabajo calzado con la firma del señor Luis Ramos, en Puerto Plata, cuyo titulo decía: “EN PUERTO PLATA QUIEREN LOS RESTOS DE LILÍS”

 En los detalles del escrito en cuestión, el autor copia textualmente unos argumentos planteados por el director del periódico digital puertoplateño, “PUERTO PLATA HABLA”, licenciado Manuel Emilio Gilbert, donde explica “sus razones” para que los despojos mortales del dictador Ulises Heureaux Lilís, sean trasladados desde la catedral Santiago Apóstol, donde se encuentran hoy, hasta la ciudad de Puerto Plata; y una vez allí, sean colocados en la catedral San Felipe o … un mausoleo que se levante en la necrópolis de su pueblo.Veamos ahora algunos datos sobre el personaje en cuestión. 

Imagen del futuro dictador
Una de las consideraciones que expone el licenciado Gilbert, citado en el aludido trabajo por el señor Luis Ramos, para tales propósitos, es que el dictador Lilis (1845-1899) participó y luchó “a las ordenes del general Gregorio Luperón” en la Guerra Restauradora, obteniendo de dicha campaña el grado de Alférez, “rango con el que formó parte del Estado Mayor del adalid de la Restauración”. Todo eso es muy cierto. Incluso, hay algo más: el propio general Luperón al enjuiciar luego la figura de su antiguo protegido al que acogió como un hijo, señaló de él, que “Fue uno de los más valientes guerrilleros de la Compañía del valiente Capitán Severo Gómez, en Maluis, cuya compañía servía de exploradora y de vanguardia en el sitio heroico de que con sublime bravura sostuvieron dos años contra la Fortaleza. Allí fue herido” Lilís en uno de los combates. (Ver “Notas Autobiográficas y apuntes históricos” del general Gregorio Luperón, Tomo III, página 385). 

 Más adelante, dice el propio general Luperón en estas mismas “Notas Autobiográficas y apuntes históricos” sobre Lilís, esto que copiamos: “Perseguido después por el salvaje General Miguel Lovera, como Gobernador de Báez en Puerto Plata, Heureaux se embarcó y se fue a las Islas Turcas a reunirse …(con Luperón, n. de j.m.j.). Acogido como hijo por Luperón, fue colocado en su Estado Mayor, donde cultivó su clara inteligencia, instruyéndose prácticamente en todos los conocimientos militares”. (p.386). Y en verdad, Lilís, fue astuto, inteligente, sagaz, fabulador, embaucador, simulador; y también logró convertirse luego en un cruel y sanguinario asesino. 

 Asimismo, “para fines del año 1865, a la caída del Presidente Buenaventura Báez, vino (Lilís, n. de j.m.j.) a la Capital- dice Víctor M. de Castro-, acompañando al Gral. Luperón, como Teniente de su Estado Mayor” (Véase “Cosas se Lilís” del citado autor, p.10). 

De Castro luego comenta, que cuando el Presidente Cabral nombró a Luperón como Gobernador de Puerto Plata, éste hizo a Lilís su Secretario particular y “lo ascendió a Capitán” (p.12). Así, en 1867, Lilís, fue promovido por el propio Luperón a “Comandante y designado Jefe del Batallón San Felipe, a la cabeza del cual salía a combatir las fuerzas baecistas que al mando del Gral. Dionisio Troncoso insurreccionaban aquella región”. (Ibíd). 

 Pero hay más. A la caída del gobierno del General Cabral (enero de 1868), Luperón y Lilís junto a otros compañeros, se fueron “a los campos del Sur, año 1869, a combatir al lado del Gral. Cabral, la cuarta Presidencia de Báez, campaña que duró seis años” (1868-1873). Precisamente, en uno de los combates de este periodo, escenificado en el Sur del país, Lilís recibió una herida que puso su vida en peligro; salvó milagrosamente, obteniendo el rango de General de Brigada. 

 Con la llegada al poder de Ignacio María González (noviembre de 1873), Lilís se traslada con Luperón a Puerto Plata sin ocupar cargo alguno, hasta la llegada a la Presidencia del gran patriota santiagués Don Ulises Francisco Espaillat, (abril de 1876), que lo designa en su gobierno de apenas seis meses como Comandante de Armas de la plaza de Puerto Plata.

 Con la caída del gobierno de Espaillat, Lilís se dirige a acompañar al general Luperón a Saint Thomas, y desde allí pasa luego a Juana Méndez, Haití, donde sobrevive montando un negocito o pulpería. Recibió en este lugar un balazo que le “inutilizó el brazo derecho”, dice de Castro en su obra “Cosas de Lilís”, (p.14). Encontrándose en Haití, Lilís recibe a Damián Báez, hermano de Buenaventura Báez, y acuerda con éste que no le hará a su gobierno (el de su hermano, Buenaventura Báez, 1876-1878) campaña revolucionaria. Tiempo después, Báez es echado del poder y sustituido por González (marzo-mayo, 1878), gobierno que dura apenas 56 días, al ser sacado por las fuerzas de Cesáreo Guillermo, en mayo de 1878.

 LILÍS, EL MINISTRO

 Lilís en este nuevo escenario se alía a las tropas del general Memé Cáceres en el Cibao, y logran derrocar a Guillermo (mayo-julio 1878), quien lo había designado, en 1879, Delegado del Gobierno en el Cibao. Ocurre aquí la primera señal de un Lilís traicionero y ambicioso, aventurero y taimado; con sed de gloria y poder, capaz de hacer cuanto sea necesario para conseguir sus objetivos y propósitos sin importar los medios.

 Con la llegada del general Luperón al poder, en 1879, Lilís es designado Ministro de Guerra y Delegado Especial. Sin embargo, el gobierno del prócer puertoplateño seria breve. En 1880, el Partido Nacional o Azul de Luperón continúa en el poder llevando a la Presidencia de la República al Padre Meriño (1880-1882), quien nombra a Lilís como Ministro de lo Interior y Policía, por recomendaciones del propio Luperón, su líder, mentor y guía. 

 “En este puesto-dice Rufino Martínez, en su obra “Hombres Dominicanos” – emplea (Lilís, n. de j. m.j.) hábilmente las argucias que desde años anteriores desplegara con ánimo de conocer en los compañeros y en los contrincantes el lado flaco y vulnerable (algo que luego veremos, quiso experimentar con Luperón, y logró hasta cierto punto, n. de j.m.j.). Es decir, -continúa Martínez señalando –que del trato y conocimiento de individuos de poca significación, pasaba al trato y conocimiento de la gente de cuenta (…) Esta apreciación le valió para los fines personales, muy ajenos a los del partido; pues para ello lo más imprescindible era saber qué políticas le convenía tener de su parte, ya porque pudiesen ser émulos formidables, ya porque en algún sentido le pudieron servir de peana”. (pp.83-84). 

 Ocupando la posición de Ministro de lo Interior y Policía, Lilís, se dirigió en persona hacia el Este del país a sofocar un movimiento insurreccional liderado por el general Cesáreo Guillermo, y estando en el frente de un combate en la loma del Cibao recibió un balazo que le atravesó el pescuezo. “Uno de los generales que dirigían las columnas de vanguardia, viéndole allí tendido sin señales de vida, exclamó: se fuñó el negro. Era servidor suyo en campaña, un haitiano listo y entendido en la cura de heridas mediante hojas y zumos. Tan pronto alcanzó a ver al amo tendido y sangrando acudió a él… y le sacudía con ambas manos la cabeza. El herido volvió (…) A la media hora se incorporó, y requiriendo su sable avanzó hacia los compañeros, que fueron sorprendidos con un ¡pa’ lante muchachos! del que daban ya muerto. Terminada la acción fatalmente para los rencionarías, fue inútil pedir indulto para ellos. Se cumplio la ley, y ejecutaron” hasta un cuñado de Lilís. (p.84-85).


 MERIÑO SE OPONE A LILÍS 


 Lilís se hacia más grande, y pese a las negativas del Padre Meriño para que Lilís le sucediera en la Presidencia de la República (1882-1884), Luperón lo propuso y apoyó para tales fines. Dice el puertoplateño Rufino Martínez en su citada obra, que en este periodo, Lilís, fue “un gobernante ejemplar”, para aquellas circunstancias. Más aún, el propio general Luperón al proponerlo como candidato de los azules, señaló de Lilís lo que a continuación copiamos: “Hoy como ayer, lo repito: si no quiere ver otra vez la anarquía en la República, concentren sus votos a un candidato. Para mi, sólo hay en este momento un hombre, que tiene todo el mérito necesario, el tacto, la energía, la firmeza, que ama a la patria y su partido y que puede gobernar el país: ese hombre es el valiente y patriota general Ulises Heureaux”. (p. 85).

 Al comentar una de las anécdotas de Lilís, en su obra “Cosas de Lilís”, de Castro dice que ante la pretensión de un amigo suyo para que lo colocara en un puesto en aduanas, Lilís le dijo en forma jocosa lo siguiente: “No, mi amigo, yo no le nombro Interventor de Aduanas, por que Ud. hace gritar la gallina al desplumarla”. (p. 42).
El Presidente Lilís rodeado rodeado de algunos 
de sus mas cercanos colaboradores. 
 LILÍS: EL POLÍTICO Y SANGUINARIO 


 Todos conocemos las argucias de Lilís para volver al poder nuevamente; y sobre todo, las artimañas bajo las que se impuso para alzarse con el poder en 1886, comprando voluntades, persiguiendo y asesinando a sus contrarios. Es muy elegante el argumento del periodista Gilbert cuando compara a Santana, que no es santo de mi devoción, con Heureaux, de quien dice que en su natal Puerto Plata, “no hay nada que recuerde su memoria”. Y aquí cabe preguntarnos: ¿Cómo lo van a recordar los puertoplateños, y el país en general, si hasta al propio Luperón fue capaz de engañar Lilís? 

 Luperón, en sus “Notas Autobiográficas” comenta el hecho, de que en la primera administración de Heureaux, según informes que él recibiera de un oficial haitiano, el entonces presidente haitiano Salomón, le obsequio 50 mil pesos oro americanos “para que hiciera triunfar su candidatura” (p.387) y que Heureaux permitió entonces la penetración de haitianos a territorio dominicano, irrespetando así convecciones y tratados.


 No es cierto, licenciado Gilbert, que en este país haya un pueblo con el nombre de Pedro Santana. Hay uno en el Este, en la provincia de San Pedro de Macorís, y es con el nombre de Ramón Santana, el hermano gemelo del caudillo de Las Carreras.



El Presidente Heureaux en el acto de inauguración del
 ferrocarril Santiago-Puerto Plata en agosto de 1897.

 ¿PUEDE LILÍS “RECIBIR UN TRATO MÁS JUSTO DE LA POSTERIDAD”? 

 Veamos lo que dice el propio Luperón de Lilís en sus “Notas Autobiográficas”, licenciado Gilbert: “Es hombre dotado de tacto militar, con brazo de héroe, pero con el corazón intransigente y el espíritu pervertido, esparciendo tenebrosas sombras sobre el brillo de sus hechos gloriosos” ¿Conoce usted, licenciado Gilbert el llamado “Código de Lilís” o “Código de la muerte”

 Ya vimos en las anotaciones anteriores “los hechos gloriosos” de Lilís, que Luperón, carente de toda mezquindad es capaz de hacernos conocer con elegancia y humildad. Ahora bien, ¿Cuáles son esas tenebrosas sombras que opacan el brillo de la figura de Lilís, según el propio Luperón?


 Al parecer son muchas, licenciado Gilbert. Le empezaré a recordar, licenciado Gilbert, que el propio Luperón en sus “Notas Autobiográficas” llama a Lilís, hombre de “…insaciable y funesta ambición de mando”, que “sin fijarse en la ineficacia de los crímenes, ni en la irregularidad de las formas, ni en lo horrible de las súplicas, ni siquiera sobre la cuenta que la posteridad pedirá a su memoria, - como hoy se la pido yo -, creyendo que la audacia y la fuerza justifican las faltas y las injusticias, por lo que teme inmolar la libertad de un pueblo a su maligno capricho y asesinar por odio y envidia, a centenares de sus compatriotas”. (Tomo III, pp. 386-387)


 Oigan bien, licenciado Gilbert y señor Ramos, no lo digo yo, lo dice el general Luperón: Lilís asesinó “a centenares de compatriotas” durante su dictadura.


 Más aún, en 1888, para Lilís alzarse con el poder nuevamente, actuó con felonía hacia el general Luperón. En la ocasión le dijo Luperón a Lilís, que era éste: “Enemigo del mérito ajeno, hinchado de vanidad y de odio, la sed de oro y de sangre, lo ha endurecido hasta el extremo de arrastrar con crueldad a la nación como a una turba, a aplaudir sus crímenes y sus iniquidades, mientras que acusa a los verdugos que emplea y engaña a las victimas por él sacrificadas”. (p. 389). 



 Y más adelante dice el general Luperón de Lilís: “Su mayor designio es gobernar siempre a la nación de voluntad o por fuerza, y poco le importa saber la opinión que se forme de él, ni lo que el destino reserve a su monstruoso predominio. Y, aunque el espíritu nacional de un país no perece nunca y hay que esperar mejores gobernantes en el porvenir, tenemos que confesar – dice Luperón – que ningún gobierno fue más horrible y criminal para su patria, ni más funesto para la historia de esta. 

 Sí, el gobierno de Heureaux es el cúmulo de todos los crimines que degradan la República y mancillan sus glorias. (…) La Historia se encargará de decir lo demás de la vida política de este malhechor de Estado, que subyuga la nación, y abate y humilla a sus compatriotas”. (p.390). 

 LAS ARGUCIAS DE LILÍS PARA ENGAÑAR A LUPERÓN


 Encontrándose el general Luperón en París, en 1887, donde había ido a recuperar su salud por recomendaciones médicas, recibió allí varias cartas de Lilís “suplicándole aceptar la representación de su gobierno en Europa”. (p.242 en “Notas Autobiográficas”, Tomo III). Luperón rehusó aceptar tal propuesta. Pero antes, “Heureaux había escrito al Doctor Betances a París en el sentido de que Luperón conviniera en presentar su candidatura en las próximas elecciones, mientras él, Heureaux, se ocupaba con el Congreso en cambiar la ley del sufragio universal…” (p.243).

 Lilís le envió al general Luperón, una vez este llegó a Puerto Plata varios emisarios suyos para que aceptara. Incluso, Lilís viajó desde Santo Domingo a Puerto Plata en varias ocasiones a entrevistarse con su jefe con tal de convencerlo. Pero nada valió. Luperón lanzó en Puerto Plata, el 8 de julio de 1888, un “Manifiesto” a todos sus conciudadanos para que fuese discutido,- que de seguro le cayo como una bomba a Lilís- y entre otras cosas, decía lo siguiente:


 “El gobierno no debe ser el de un partido, sino el de todos los dominicanos, y para una buena administración del Estado, todos los partidos tienen perfecto derecho a tomar parte en las funciones y puestos públicos. Solamente entonces sus luchas serán pacíficas en el terreno de la Constitución. Cualquiera que sea la mayoría que haya llevado los gobernantes al poder, ellos no han de olvidar que las opiniones de las minorías no deben ser desatendidas, sino respetadas, consideradas y discutidas de buena fe. Ese respeto lo deben plenamente los jefes de Estado y todos los que tienen la honra de servir a la nación. Asimismo se le deben al pueblo, a sus legítimos derechos, a sus intereses, a su cultura, a su honra, a su bienestar, a su progreso y a su paz; y además, le deben el ejemplo de justicia, de patriotismo, de honradez, virtudes republicanas y democráticas” (pp.249-250). 


 Y al final, decía el noble y grande General:


 “Es deber de los gobernantes esmerarse en labrar la felicidad de todos los habitantes de la República, en la familia y en la patria.



 Los buenos gobiernos son aquellos que hacen dignos, instruidos y felices al mayor número posible de ciudadanos. Así, no hay gloria superior para un gobernante, al terminar su mandato, que la de dejar a sus conciudadanos la paz, la civilización, la prosperidad y la libertad”. (p.250). 

 En aquellos días de reflexión para el enaltecido General, Pedro Francisco Bonó, el Padre Meriño y Manuel de Js. Galván le expresan su solidaridad; y entre ellos, Meriño, en fecha 28 de julio de 1888, le ponía en aviso, lo siguiente sobre las artimañas de Lilís: 

 “Ya Lilís está definido y acepta su reelección y tiene en su apoyo el elemento oficial que, sin duda alguna, ejerce en la Republica la influencia más eficaz. 

 Supongo- le dice Meriño- que cuando Ud. se decidió a presentar su candidatura, creyó contar con la cooperación de aquel, por lo mismo que ni era prudente que Ud. se lanzase exponiendo su capital político al azar, luchando con tal oposición; ni tampoco le traía a Ud. honra eso de tener que discutirle o disputarle a él el puesto de la Presidencia; ni mucho menos debía Ud. confiar en la mayor parte de los hombres del día, más dispuestos a correr tras el deshonor, los unos por su provecho personal y los otros por opocamiento de ánimo, que a elevarse por el respecto a su propio decoro. Y puesto, que las cosas no se presentarán como Ud. quizás se lo imaginaba, paréceme vale la pena reflexionar”. (pp.251-252). 


 LILÍS ESPERA DINERO PARA COMPRAR VOLUNTADES

 ¿Cuáles circunstancias se produjeron entonces en el país? 
Veamos: Lilís recibió las buenas nuevas de que las gestiones de un nuevo empréstito, en Holanda, con los banqueros Westendorp y Mathieu, ya estaba acordado, por la suma de “cinco millones de pesos en libras esterlinas”. Sin embargo, Lilís jugaba al tiempo a la espera del dinero, mientras aquí “engatusaba” a Luperón haciéndole firmar en fecha 3 de septiembre de 1888, en Puerto Plata, un acuerdo que luego Lilís incumplió bajo el infeliz alegato de que “sus amigos le exigían que presentara su candidatura otra vez”. (p.254).

 Se lanzó entonces Lilís, dice Luperón “Con todos sus mandarines a conquistar a la fuerza y por todos los medios más incomodos y arbitrarios, prosélitos para alcanzar su reelección. El dinero se daba a chorros, como que no era propio, sino del Estado. Entonces se vio-añade Luperón- más que en los tiempos de González, una corrupción espantosa”. (p.257). 

 El general Luperón ante tan vergonzosa y asquerosa acción, optó por renunciar a la candidatura, pues, Lilís junto a sus acólitos, se dieron a la tarea de perseguir a todos los miembros de los comités que trabajaban en apoyo a Luperón. Es más, protegidos de Luperón, en Puerto lata, como el general Federico Lithgow, que ustedes deben conocer la historia señores Ramos y Gilbert, “se vendió secretamente al general Heureaux por una suma de dinero y un Ministerio” (p.265) como luego ocurrió. Este Lithgow era nada más y nada menos que “un agente y espía” de Lilís al lado de Luperón. Todos los documentos importantes del general Luperón, Lithgow se los enviaba a Lilís; y les decía por lo bajo a los partidarios de Luperón en el Este y el Sur que “había renunciado a su candidatura” para la Presidencia.

 Pero, por otro lado lo que quería Lilís era simular una guerra civil en el país, para quedarse con una buena parte del empréstito en cuestión, alegando que tal suma había sido erogada por su gobierno para “sofocar revoluciones”. Con otro general, Manuel María Almonte, quien también apoyaba a Luperón, pero que era “amigo del dinero”, y Lilís lo sabia, éste le llegó a decir en una ocasión: “General aquí tiene Ud. quinientos pesos; hágase neutral, y cuando pasen las elecciones le daré a usted otros quinientos”. A partir de aquel día, Almonte le dijo a Luperón que ya no estaba con su candidatura. ¡Se le vendió también por unos pesos más!  

Licenciado Guilbert, como podrá ver, Lilís fue capaz de todo, hasta de engañar a su padre espiritual y guía revolucionario. Decía el legendario guerrillero argentino Ernesto-Ché-Guevara que los traidores sólo merecen una cosa: ser fusilados. El patricio Juan Pablo Duarte lo decía con estas palabras: “Mientras no se escarmienten a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre victimas de sus maquinaciones”. 


 ALGUNAS ANOTACIONES FINALES

 Luperón no se equivocó al pintarnos el país que teníamos licenciado Gilbert, en los años 90 del siglo XIX, donde la engrasada maquinaria lilisista lo controlaba todo:

 “Hoy-decía Luperón-…vemos al país dominado por una oligarquía violenta, que no podrá ser estable por su tiranía, y a la cual todos los partidos tienen que pedir estrecha cuenta, por sus injustos atropellos, por sus horrorosos asesinatos, por la deshonra nacional, por la ruina de la patria que languidece en la profunda oscuridad de un gobierno despótico y absoluto”. (p.32).

 Y al enjuiciar a Lilís en estos años, en sus “Notas Autobiográficas” el noble general restaurador dice:“(…) el salvaje general Heureaux, hace mil veces peor que uno y el otro (al referirse a Santana y a Báez, n. de j.m.j.) para acabar con el país y para cumplir su deseo de bárbara venganza, como descendiente que es de Haití. No tiene este forajido más móvil que el amor maldito del poder, del oro y la supeditación de todos los derechos”.

 Ante tan dramáticas palabras del prócer Luperón, de su pueblo, Puerto Plata, licenciado Gilbert, y ante tantas verdades históricas de los hechos en lo que actuó su coterráneo Lilís, cabría entonces preguntarnos: En Puerto Plata, ¿Quiénes quieren los despojos mortales del dictador Lilís? 

 No se equivocaba Luperón cuando decía de Lilís, que “La historia se encargará de decir lo demás de la vida política de este malhechor de Estado”. Lilís fue más sanguinario que Santana, que Báez y posiblemente hasta que el propio Trujillo. No creo que en el “amado pueblo” suyo quieran venerar las cenizas de un déspota tan cruel y bárbaro como Lilís. Pero si aparece alguien más, además de usted, licenciado Gilbert, favor de hacerlo saber al pueblo dominicano. Ya muy bien lo dijo José Martí: “La Patria es agonía y deber”. Pues, no creo que la Iglesia Católica dominicana deba continuar albergando en sus recintos una figura tan bárbara y abominable como Lilís, para hacerle juego a su pálida frase, señores Gilbert y Ramos, de que “O jugamos todos o se rompe la baraja”.


Vista interior de la remodelada Catedral de Santiago, donde 
descansan los restos de Lilis. Foto cortesia del Autor.

Lugar  donde se encuentran en la Catedral de Santiago
 los restos de Lilis. Foto cortesia del autor.



Santiago de los Caballeros, R.D.
25 de septiembre de 2012.

El autor es ingeniero, escritor, miembro de la “Cátedra José Martí” y de la Real Sociedad de Historiadores.


LA PRESENCIA GERMANICA EN PUERTO RICO

viernes, 5 de octubre de 2012

A continuación les presentamos la primera parte de un ensayo escrito por la renombrada historiadora puertorriqueña Dra. Haydee Reichard de Cancio y que hemos reproducido con la autorización expresa de revistaholapr.com

LA PRESENCIA GERMÁNICA EN PUERTO RICO : PARTE I


Por Haydee Reichard de Cancio PhD


Desde 1788, cuando se promulgó la Ley de Comercio Libre,comienza. una inmigración de peninsulares a Puerto Rico. Años más tarde, bajo la Cédula de Gracia de 1815, la Corona permite la entrada de extranjeros al país, hijos de naciones amigas de España y que profesaran la Fe Católica. La Metrópolis quería mejorar la precaria condición en que se encontraba la Isla y deseaba implantar una política económica más dinámica aumentando la población y por ende la economía. La inmigración de extranjeros provenientes, entre otros, de Alemania, Francia, Italia, Curazao, San Thomas e Inglaterra ayudó grandemente al progreso de la Isla.

¿Qué hizo venir a tantos extranjeros a la Isla? La Cédula de Gracia de 1815 ofrecía un sinnúmero de incentivos a los recién llegados para comenzar una nueva vida. Muchos de los inmigrantes ya tenían alguna relación con el país por haber establecido relaciones comerciales a través de las islas de San Thomas y Curazao. Otros, procedentes de Santo Domingo, Haití y Louisiana conocían del manejo, cultivo y producción del azúcar, melado y café. El profesor Francisco A. Scarano describe a los extranjeros: “Estos inmigrantes combinaban intereses mercantiles con sus negocios azucareros o, más comúnmente durante los primeros tiempos, actuando como consignatarios, factores o intermediarios de los comerciantes poderosos de San Thomas, Estados Unidos o Europa... Los negocios mercantiles constituían una magnífica fuente de capitales de inversión agraria”. Los alemanes, según la profesora Helen Santiago, pagaban tarifas sumamente altas al gobierno inglés por los productos del trópico como el café, azúcar y el tabaco. Con el establecimiento de líneas trasatlánticas de vapores los alemanes deciden comerciar directamente con la Isla y dejan de utilizar el puerto de San Thomas.

Es bueno señalar, que tan temprano como en el año 1766, el gobierno del rey Federico de Prusia solicitó del Rey Carlos III, el establecer en Sur América o particularmente en la Isla de Puerto Rico una colonia de seis mil alemanes. Años más tarde, en 1874, el periódico norteamericano The Freeman's Journal publicaba la noticia que el gobierno español, presidido por el Duque de la Torre, proyectaba ceder la Isla a la Alemania del Gran Canciller Otto Von Bismarck, “por vía de compensación por los servicios que éste había suministrado para yugular la insurrección carlista. (Cruz Monclova) En la Isla la noticia causó grandes revuelos aunque el proyecto quedó frustrado.

En 1885, cuando el emperador alemán Guillermo I se apoderó de las Islas Carolinas, el pueblo puertorriqueño se puso en pie de alerta y condenaba la acción germánica. El Boletín Mercantil en sus ediciones #105 y 120 leía: “En esta Isla podrá haber separatistas, podrá haber anexionistas amigos del Norte, pero de seguro que no existe en ellas ni un solo germanista. Si Prusia tratara de ponernos en la alternativa de perder nuestra nacionalidad o nuestros hogares, todos los que podemos manejar un fusil nos opondríamos, con las armas en mano, a la prusificación de la tierra borinqueña”.

Señala la profesora Ursula Acosta que la inmigración germánica a Puerto Rico comienza desde fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX y proviene parcialmente “de la isla holandesa de Curazao y de las provincias de Austria que hoy pertenecen a Yugoslavia”. Ésta se efectuó mayormente en las poblaciones costeras de Fajardo, Arroyo, Ponce, Cabo Rojo, Mayagüez y Aguadilla. Pronto aparece en esas ciudades un auge económico debido a las compañías mercantiles que se iban estableciendo en sus cercanías. Pero no todos los inmigrantes alemanes eran propietarios de almacenes comerciales. Muchos eran intérpretes, agricultores, agentes consulares, profesores, dependientes, empleados de comercio, contables, ebanistas, carpinteros y desempeñaban otros oficios más. Añade la profesora Ursula Acosta: “No son pobres emigrantes que salen de Europa en busca de una mejor vida en América. Al contrario, al parecer muchos de ellos eran hijos de comerciantes alemanes del norte del país (Hamburgo, Bremen, Lübeck) que representaban en el Caribe los negocios de sus familias... la preparación de estos inmigrantes estaba muy por encima de la preparación del pueblo”.

Tal es el caso de la familia Overmann en Puerto Rico. Se asegura que el señor Ferdinand Overmann, natural de Hamburgo, desde 1815 mantenía relaciones comerciales con la isla de San Thomas. Luego se domicilia en la Isla trayendo consigo 20,000 pesos y esclavos de su propiedad. Compra la hacienda La Constancia y se asocia con el alemán Wilhelm (Guillermo) Voigt. Años más tarde, ya rico, se retira a Francia. Es seguido por Ernest W. Overmann quien forma un establecimiento comercial en la ciudad de Ponce en sociedad con Flavius Dede. Ernest es seguido por otro miembro de esta familia, llamado Christian Frederick Overmann quien llega a la Isla acompañado de su esposa Henrietta Lind. La pareja adquiere una hacienda de 800 cuerdas en Guayama, la que llaman Henrietta. Al morir Overmann, su viuda y herederos venden a Christián E. Lind, hermano de Henrietta, quien aumenta el capital con la adquisición de la hacienda La Concordia y establece una casa comercial. Para 1850, Lind tiene que hipotecar sus propiedades, una parte a nombre de George Boom, de Lübeck, Alemania, y otra parte, sus fincas, a favor de Aldecoa Hermanos.

Encontramos que muchos de estos alemanes se unen en el trabajo, en un espíritu de solidaridad. Así lo demuestran firmas comerciales como Fritze & Lundt, Sanders & Philippi, Hermanos Müllenhoff & Korber, A. H. Bull & Cía. y muchas otras. Además, los contables, tenedores de libros y técnicos de estos comercios eran en su mayoría germánicos. Otros no sólo adelantaban sus capitales uniéndose en matrimonios a hijas de hacendados o comerciantes de raíces españolas, sino que formaban sociedades con ellos. También las sociedades entre europeos eran frecuentes. En el puerto de Arroyo se estableció la mercantil Hartmann & McCormick. La factoría central Providencia en Patillas era propiedad de la Sucesión A.J. Alcaide, McCormick, Verges y Riefkohl.

¿Cómo adquirirían parte de las riquezas las casas o establecimientos de comercio en el siglo XIX? Aunque el agricultor era dueño de sus tierras no tenía dinero en efectivo. Por esa razón tenía que coger a crédito los víveres y hacer otros gastos en espera de que la cosecha o zafra le produjera para pagar la deuda. Según ésta crecía, se veían en la obligación de vender sus cuerditas, ganado y hasta esclavos. En muchas ocasiones perdieron parte o todo a comerciantes. Un ejemplo es el caso del agricultor italiano Domingo Morando, domiciliado en Ponce para 1821, quien tiene que vender a la casa comercial Overmann y Voigt una finca de 27 cuerdas para saldar una cuenta con el señor Gillo de San Thomas. En 1821 la casa comercial Overmann adquiere un esclavo de propiedad de Angel Sierra, al éste no poder pagar una letra de 400 pesos, ni los prestatarios aceptar 200 pesos de pronto, para luego que pasara la cosecha pagarles el resto de la deuda.

Mientras el puerto de San Juan se convirtió en el gran puerto de importación, los puertos de Arecibo, Cabo Rojo, Arroyo, Mayagüez, Aguadilla y sobre todo el de Ponce se convirtieron en los principales puertos de exportación. El profesor Francisco Scarano revela que para 1827 de las ocho haciendas más grandes de la ciudad de Ponce, tres pertenecían a germánicos. Menciona los apellidos Overmann, Voigt, Wedstein y Oppenheimer.

Nuestro primer Comisionado Residente en Washington (l900-1904) y Diputado a Cortes en l898 Federico Degetau y González fue también de origen alemán. Su padre Mathias Degetau, hijo de una familia acaudalada de Hamburgo se estableció en Ponce donde dirigió los negocios bancarios de la Casa Overman y Dede, de la cual su padre Otto George Christian Degetau era socio. En l851 casó con María Consolación González, hija de una distinguida familia de San Juan. Su hijo Federico viajó mucho por Europa e hizo sus estudios de jurisprudencia con honores en España. Fue incorporado a la Academia de Jurisprudencia y Legislación era miembro de la Societé Francaise pour l'Arbitrage entre Nations de la Liga International para la abolición de la pena de muerte.

Alrededor de l860 se establece en la Cuidad Señorial, el comerciante George Friedrich Wiechers, natural de Hamburgo. En l865 Wiechers es nombrado Cónsul de Prusia. Con su esposa, Isabel Pieretti Marsaud, de origen corso, procrea cinco hijos. El más joven de ellos, Alfredo Braulio Wiechers, nacido en l881 en Ponce cursa estudios de arquitectura en Francia y España y al regresar se destaca por el diseño de sus bellas obras de arquitecturas que hoy en día embellecen el centro de Ponce.

























En l890 llegaron los hermanos Hermann y Johann Albert Wirsching Pottharst, originarios de Bremen, a la Perla del Sur. Hermann Wirshing se casa con la hija de don Juan E. Serrallés, Julia, a quien conoció en Nueva York. Siendo un prestigioso ingeniero mecánico comienza a trabajar en la Central Merceditas y siendo un hombre laborioso y de iniciativas introduce diversas reformas en dicho negocio. Una de sus nietas, doña Lila Mayoral Wirshing fue Primera Dama de Puerto Rico durante los tres cuatrenios que su esposo, el Lic. Rafael Hernández Colón fue Gobernador de Puerto Rico. JohannAlbert o John Wirshing Pottharst (mejor conocido como Johnny el Alemán) se mudó a San juan donde se casó con Victoria Lagalde Steinacher. El fundó su propio negocio de ferretería. Su único nieto, Hernán José Wirshing es en la actualidad el Chief US Marshall de Puerto Rico.

Es curioso que mientras los alemanes que se establecen en Ponce se dedican a la agricultura, banca y el comercio, los que residen en la zona de San Germán, según datos suministrados en el Catálogo de Extranjeros, de la profesora Cifre de Loubriel, son trabajadores diestros, que tienen algún oficio. Entre otros están Juan Carres y Wilhelm (Guillermo) Franke (carpinteros), Franz Nitsche (zapatero), Otto Schimk (maquinista). No encontramos evidencia de grandes comerciantes ni agricultores germánicos en la ciudad de las Lomas. Lo atribuimos a que aquí residía la elite criolla, siendo ésta una sociedad cerrada donde ciertas familias controlaban las tierras y el comercio. No obstante para 1939 se domicilia en esta ciudad el doctor Fritz Fromm. Trabaja como profesor en el Instituto Politécnico, lo acompaña su esposa Ilse Auguste Elisa Pflaum.

Los inmigrantes germánicos de la zona sur-este tienden a dedicarse a la agricultura. Brake Riefkohl es agricultor y propietario en el pueblo de Maunabo y agente consular de Alemania en Arroyo. Karl (Carlos) Piterson, súbdito alemán, se establece como agricultor en Arroyo. En el pueblo de Santa Isabel se domicilia el agricultor Georg (Jorge) Lassen. También se evidencian algunos inmigrantes dedicados al comercio como los señores Hartmann y Ernst (Ernesto) Riefkohl en Arroyo. La profesora Ursula Acosta a través de su instructivo ensayo sobre la inmigración germánica en Cabo Rojo nos señala la procedencia de algunos de los inmigrantes. Entre ellos se encuentran la acaudalada propietaria Cornelia Bey; el padre del pirata Cofresí, Francisco Von Kupferschein y un tal Wilhelm Spieker. Apunta la profesora Acosta: “el nivel educativo de estos inmigrantes debe haber sido relativamente alto... Muchos miembros de estas familias se conviertan en acomodados hacendados, otros en exitosos comerciantes...”


En la zona portuaria de Mayagüez, por ser ésta la tercera en importancia para la exportación se domicilió el mayor número de alemanes. Entre las casas comerciales de esa localidad se encuentra Kramer &Cía. En ella trabajaba el alemán Heirich Karl Fritze, quien en julio de l898 durante la Guerra Hispanoamericana era Cónsul de Alemania, y en unión a los cónsules de Inglaterra y Holanda intervinieron en la salida de las tropas españolas de Ponce hacia Abonito y la entrada pacífica de las tropas norteamericanas a la ciudad de Ponce. Esta acción diplomática evitó un derramamiento de sangre de mayores consecuencias.

Otro de los reconocidos comerciantes lo fué Schulze de Bremen. Este señor invitó a su amigo Friedrich Phillipi, también de Bremen, de venir a Mayagüez como socio de sus empresas que desde entonces se llamó Schulze & Cía. Friedrich Phillipi aparte de manejar su negocio era banquero y Vice Cónsul de Alemania. El negocio le fue tan bien que hizo venir primero a su hermano menor Hermann. Pero este murió a pocos años de llegar a la Isla. En 1889 Fritz, Vicecónsul de Alemania animó a su sobrino Otto Karl Philippi a que se viniera a Puerto Rico a trabajar con el . En l891 Otto Philippi contrajo matrimonio con Paula Bages Quiñones y procrearon cinco hijos. Al poco tiempo la Firma Fritz &Schulze quebró debido a los temporales. En l898 el Sr. Philippi fundó con George Sanders la compañía Sanders Philippi &Cía. en Aguadilla. Años más tarde el Sr. Philippi se dedicó a la extracción de guano de la isla de la Mona y su exportación a Europa para fines de fertilizantes. Otros comerciantes alemanes en la zona fueron: el comisionista T. Schröder, la casa mercantil Fritze, Lundt & Cía., los comerciantes Eduard (Eduardo) Lameyer, Leopold Krug Vice Cónsul de la Confederación de la Alemania del Norte desde l869; E. A. Hohl, C. G. Hoffzenlinger del Consulado de Hamburg y Bremen en Mayagüez; Máximino Heise y Karl (Carlos) Degener. También se estableció en la Sultana del Oeste el empresario Jacobo de Castro, hijo de padre alemán y madre antillana. Este joven fue uno de los comerciantes más prósperos de la zona siendo dueño de haciendas y terrenos en la capital y en Mayagüez. Por ser mulato, jabao, nunca pudo frecuentar en el Casino Español ni ser miembro del ayuntamiento, aún cuando tenía riqueza, educación y magníficos modales. Podemos encontrar información adicional sobre este comerciante en los escritos del profesor Ricardo Camuñas.

La capital se mantuvo como el gran puerto importador, controlado mayormente por peninsulares. Los barcos que arribaban eran en su mayoría de matrícula española. Sin embargo, encontramos algunos datos de germánicos que se establecieron aquí. Para 1832 el profesor Johann (Juan) Kifenhover, natural de Alemania, funda una escuela en San Juan. En una rama diferente del comercio Moritz (Mauricio Meyer Sunz). Domiciliado con residencia en la capital, se dedica a la joyería. Para el año 1848, Gustin, retratista de daguerrotipo, se establece en el Viejo San Juan. Para 1885 es nombrado para el cargo de Cónsul de Alemania en Puerto Rico el comerciante Ludwig Duplace. Rudólph Elvers, comerciante comisionista, en l868 es designado Cónsul de Prusia en Puerto Rico. En l880, Adolfo Rauschenplar, natural de Hamburgo llega a San Juan y se dedica al negocio de exportación de mieles de la caña de azúcar. Fue nombrado Cónsul de Alemania en Puerto Rico a principios del siglo pasado. La Familia Rauschenplat tenía su residencia en al Ave. Ashford (antes Nereidas). Todavía existe esta bella casa de dos pisos. En las últimas décadas la residencia ha sido modificada y utilizada por la cadena de restaurantes “Chart House”. Entre las sociedades mercantiles alemanas en la capital estaban la de los Hermanos Müllenhoff & Korber, Fritze, Lundt & Cía., Mas Mecer & Cía.., Federasen Willenk & Cía..; agentes de compañías de vapores eran los Behn Brothers, Bull Insular Lines y Hamburg-América Line.

Johannes Paul A. Tischer, oriundo y residente de Hamburgo, era dueño de un negocio de importación y exportación y dueño de una línea de barcos de vapores, los cuales frecuentaban los puertos del Caribe y los Estados Unidos. Al principio del siglo pasado él envía a sus dos hijos Walter y Otto Tischer a Puerto Rico con el fin de establecer un nuevo negocio de la familia en San Juan, importando mercancía fina de Alemania. Walter Tischer se casó en l915 con Carmen Vázquez Díaz, hija del escritor puertorriqueño Manuel Vargas Alayón. La pareja Tischer jugaron un papel muy importante en el desarrollo del ballet en Puerto Rico. El negocio todavía existe bajo el nombre “Tischer&Co. Inc.

En 1885 llega a la Isla, Johann Diedrich Stubbe, nacido en Bremen, para trabajar en la Central Los Caños de Arecibo propiedad de la empresa de Bremen Sucs. E. Pavenstedt. Luego de dos años se muda al la Capital donde maneja una empresa de textiles. Luego, en l910 le sigue uno de sus hermanos menores, Friedrich Stubbe, a Puerto Rico y para l916 establecen su propio negocio “General Farm Equipment Cía.” J.D. &F. Stubbe. Además tienen una fábrica de abono y la finca “Miramontes” en Cidra donde sembraron caña, tabaco y cítricos. Estos dos hermanos alemanes contrajeron matrimonio con dos hermanas, hijas del Alcalde de Bayamón , don José Cestero Umpierre. Johann se casa con Estela en l900 y Federico con Delia Cestero en l912. Cabe mencionar que Johann Stubbe escribió un interesante diario sobre los acontecimientos históricos de los años de l898 y 1900 cuando las tropas norteamericanas invadieron a San Juan. El diario, escrito en alemán y letra gótica, está en posesión de su hija, doña Augusta Victoria “Tuttti” Stubbe Besosa.

En la ciudad de Arecibo se encuentra Edward Roehrs,nieto de Julius Wilh. Carl Roehrs natural de Hamburgo, quien en l864 embarcó para New Jersey a trabajar con Michel Lienau como horticultor en una finca. Edward Roehs ha seguido la tradición familiar con su finca de plantas exóticas que conocida en todo Puerto Rico.

El profesor Herman Reichard Esteves describe la presencia alemana en Aguadilla. “Después de los catalanes, fueron los alemanes quienes más contribuyeron al florecimiento de la economía Aguadillana. Fundaron varias empresas mercantiles e industriales, de las cuales aún subsiste la de la familia Sanders. Fue la primera la de Schröder era socio gestor en Aguadilla; Koppisch y Reichard, en la sucursal de Mayagüez; y Schomburg en la de Arecibo”. Le siguieron los comercios de los señores Robert Schnabel, H. Kuster, Ernst (Ernesto) Lienau, B. Muller, J.W. Bultmann, H. Ganslandt, Karl Klaus Lundt y Georg (Jorge) Sanders.