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SANTIAGO DE AYER: EL NORTEAMERICANO QUE CONSTRUYÓ EL PUENTE DE GURABITO

jueves, 18 de octubre de 2012



POR JESÚS MÉNDEZ JIMINIAN


 “No, mi amigo, yo no le nombro Interventor de Aduanas, porque Ud. hace gritar la gallina al desplumarla”. ~ “COSAS DE LILIS” de Víctor M. de Castro.


 SE HIZO POR LA SUMA DE TRES MIL PESOS

Antes de instaurarse en el país la dictadura de Lilís, ya que se debatía en el Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros, una obra considerada de trascendental importancia vial  para esta ciudad: el puente sobre el arroyo Gurabito.

Una muestra de lo que anteriormente citamos, es el hecho de que en la sesión del 14 de Agosto de 1885, en uno de los temas que se debatían se acordó lo siguiente: “Nombrar una comisión compuesta del Presidente, Sindico y regidores T. Cordero y R. Muñoz, para que procuren avistarse con el ingeniero don E. Gros (norteamericano, n. de j.m.j), y traten de averiguar bajo qué condiciones se encargaría de la construcción de un puente sobre el arroyo Gurabito ” Y más adelante, decía la referida resolución, lo siguiente: “Tomar en consideración las proposiciones del ingeniero E. Gros”.

Sin embargo, debemos de destacar aquí, que otros profesionales de la ingeniería, norteamericanos, también se encontraban siendo consultados entonces por las autoridades municipales. Y en la sesión  celebrada por el Honorable Ayuntamiento del municipio de Santiago, podemos apreciar que en fecha de 17 de Agosto de 1885, es decir, apenas tres días después de la anterior, se consignó lo que copiamos: “Se dio lectura a una solicitud suscrita por el ingeniero norteamericano Lawren B. Bidwell, en el cual propone al ayuntamiento la construcción de un puente sobre el arroyo “Gurabito” por el camino recto, de 39 varas de largo y 9 de ancho total, por la suma de tres mil pesos o bien encargarse de la dirección de la obra por la retribución de cinco pesos diarios.

¿Cómo llegaron los ingenieros E. Gros y Lawren B. Bidwell a Santiago? En el caso de Gros no hay informaciones que hayamos encontrado todavía sobre su permanencia en Santiago; pero en el caso de Bidwell, debemos de señalar, que antes de trasladarse a vivir a Santiago, tenía residencia en La Vega como él mismo manifestó en una de sus intervenciones en la Sala Capitular del Ayuntamiento; allí parece ser que estaba siendo consultado sobre el proyecto de canalización del río Yuna.

El ingeniero Gros expresó también ante los miembros de la Sala Capitular del Ayuntamiento de Santiago, señalando que: “estaba dispuesto a llevar a cabo la construcción del puente sobre (el arroyo) Gurabito, por el camino de Jacagua, por la cantidad de dos mil quinientos pesos, o bien encargarse de la dirección de la obra por la suma de $300”.


 El señor Gros  “Presentó un presupuesto… de todos losmateriales y efectos necesarios para la construcción de la proyectada obra”.

La obra era tan importante para Santiago, que desde entonces la sala capitular comenzó a celebrar sus secciones casi a diario. Por ejemplo, las autoridades municipales contactaron de nuevo al señor Bidwell para que asistiera  a la sesión extraordinaria del día 18 de agosto de 1885 en la tarde. Los miembros del honorable Ayuntamiento eran entonces: don Augusto Espaillat, presidente; C. Sully Bonnelly, sindico, y los señores Rafael Muñoz, José Tolentino, Miguel Muñoz, Leonidas Ricardo y Teófilo Cordero Bidó, en su condición de regidores, Lorenzo J. Perelló hijo, era el secretario. 



 A la sesión celebrada el 20 de agosto del indicado año se presentó, para exponer sus servicios, el destacado maestro de la construcción santiagués, don Onofre de Lora, quien declaró que: “se presentaba ante el Hon. Ayuntamiento (…) porque había recibido la comisión de este Ayuntamiento para tratar de la construcción de un puente sobre el arroyo de Gurabito, y que… estaba dispuesto a contratar con él dicho puente por la suma de $1000, como había convenido con algunos de los miembros de la Sociedad El Progreso; había advertido a la dicha comisión que, aunque hubo preliminares de contrato por la suma referida, éste no pudo llevarse a cabo por la introducción de importantes modificaciones”. De Lora, ante esta nueva situación, según se señala en el Boletín Municipal, índico que la obra valía al menos unos dos mil pesos, “suma por la cual estaba dispuesto a realizarla”.

Sin embargo como expresó el mismo Onofre de Lora, “no se llegó a ningún avenimiento (SIC)…” con la comisión designada por el Ayuntamiento local.

Poco después de esta decisión de De Lora, el Ayuntamiento en pleno acompañó días posteriores al ingeniero L.B. Bidwell al lugar donde se levantó el puente, y se recomendó que tomara “Las medidas convenientes en particular, y que asegurara la solidez, estabilidad y demás garantías de la obra…”. 

En la sesión del día 22 de agosto de 1885, se presentaron los planos del puente, que fueron llevados a cabo por el ingeniero D.E Gros. A esa reunión se presentó Bidwell  acompañado de un paisano suyo, el señor James Palmer.

El Ayuntamiento le solicitó, en esta sesión, a Bidwell, documentación de su título de ingeniero, quien a su vez le indicó tenerlo guardado con su residencia de La Vega. Sin embargo, los miembros de la sala capitular de Santiago quedaron satisfechos de las recomendaciones hechas por Bidwell sobre la construcción del puente en cuestión.

Por su parte, la Sociedad “El Progreso” había señalado al Ayuntamiento local, su disposición de cubrir parte del monto acordado para levantar el puente de Gurabito, de acuerdo a sus disponibilidades.

En la sesión del día 24 de agosto de 1885, se resolvió invitar para el día 25 de agosto a los señores: el Gobernador de la provincia, señor J.M. Glas y Pílades Steffani, F. Llinás, Onofre de Lora, E, Diaz, Julio J. Julia, Pedro Patxot, J.J. Hungria, Augusto Gonzalez, Pbros. Juan Luis Pérez y Emilio Santelises “para presentarle el plano y oir las observaciones que estos señores creyesen prudentes para el mejor éxito de la obra…”.

El ingeniero Bidwell acudió a la sesión del 25 de agosto de 1885, y contestó; después de presentar los planos, todas las preguntas pertinentes de los presentes sobre el desarrollo de la obra; en esa misma sesión fueron aprobados a unanimidad dichos planos.

Para establecer las bases del contrato con el señor Bidwell, se designó una comisión compuesta por las siguientes personas: Teófilo Cordero, Rafael Muñoz, C. Sully Bonnelly, Carlos Bello y Lorenzo J. Perelló; estos dos últimos, en su calidad de abogado y tesorero municipal, respectivamente.

Por aquellos días, también se le había propuesto, en Santiago, al ingeniero Bidwell, la construcción de una cárcel. Tal dato puede comprobarse del acta de la sesión llevada a cabo el 20 de octubre de 1886, en el Ayuntamiento local. Es muy probable que esta cárcel que construyera Bidwell sea la que se encuentra en la Fortaleza San Luis, hoy.

Lo cierto es, que Bidwell concluyó el puente de Gurabito en el año 1887. La Tesorería municipal en su “Resumen General de los ingresos y egresos” del año 1887 reportó, por ejemplo, que por concepto de la “una cuenta de lo gastado en hacer una calzada en los cimientos del puente de Gurabito”, se erogó la suma de $197.42 ½”. Otro dato es, que por concepto de la pintura de dicho puente se gastó: $25.40; de igual forma, a Bidwell le fueron entregados sus $300.00 en su calidad de Director de la obra.

Como dato curioso, el ingeniero Bidwell se quedo viviendo en Santiago donde se desempeñó también como profesor de matemáticas en la escuela “San Lorenzo” donde recibió un pago mensual de $20. De igual modo, ese mismo año, 1887, le fueron pagados a Bidwell la suma de $16 por “reconocimiento en la iglesia N.S. del Carmen y las piedras de la Angostura”.

En la sesión del 23 de noviembre de 1886, en el Ayuntamiento de Santiago, aparece con relación al ingeniero Bidwell, lo siguiente: “El Síndico expuso que: como el señor Rafael A. Reinoso no podrá continuar dando clase de aritmética en el “Colegio Central”, por haber sido nombrado Inspector de escuelas… pedía que en su remplazo fuese nombrado el señor Lawson B. Bidwell”.

Como hemos podido apreciar, el ingeniero Bidwell hizo notables contribuciones a Santiago de los Caballeros. Ahora bien, cabe preguntarnos, ¿Quién le ha rendido tributo a sus aportes? Debería, al menos, un centro educativo de Santiago honrar la memoria del ingeniero Lawson B. Bidwell. “Honrar, honra”. Sea usted el jurado.

                             
El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Cátedra “José Martí” de la UASD y de la Real Sociedad de Historiadores.

LA ESCUELA NORMAL DE SANTIAGO DE LOS CABALLEROS

domingo, 14 de octubre de 2012

Por Jesús Méndez Jiminián


 La apertura de la Escuela Normal, en Santiago, y su posterior puesta en funcionamiento recibió muy poco respaldo del pueblo y las autoridades de entonces en esa ciudad. El empeño puesto de manifiesto, primero por el General Luperón, y después por el Padre Meriño desde la Presidencia de la República, al parecer no logró calar en el seno de la sociedad de la localidad cibaeña.

 Durante la sesión del día 10 de diciembre de 1880, que contó con la participación de la mayoría de los miembros del Honorable Ayuntamiento de Santiago, compuesta por los ciudadanos J. Jiménez, que se desempeñaba como presidente interino, don Teófilo Cordero, F. Augusto González, Ulises Francisco Bidó, Onofre de Lora y Julio J. Julia, acompañados del síndico J. Alejandro González y del secretario municipal J. de J. Álvarez participaron, además del señor Casimiro Nemesio de Moya, en su calidad de Ministro en Comisión del Gobierno y el Gobernador de la provincia de Santiago Miguel A. Pichardo. 

 De Moya participaba con la expresa intención y bajo la voluntad del entonces presidente Meriño, para hacer saber el empeño que “tiene el gobierno de establecer la Escuela Normal en esta ciudad”. Sin embargo, pese a lo largo de su conversación y el énfasis puesto en el objetivo central, por las autoridades municipales, posteriormente se cometieron errores de relevancia que pusieron en peligro, y ulteriormente sepultaron la idea hostosiana, de poner en marcha esta verdadera revolución educativa en la ciudad corazón. 

 ¿Cuáles fueron esos errores cometidos?

 En primer lugar, las autoridades de Santiago tenían mucho empeño en la buena marcha del Colegio Central Municipal, que entonces era como una especie de competencia educativa para la Escuela Normal. Amén, de que sus programas educativos eran similares, y los profesores de la Normal eran prácticamente los mismos que los del Colegio Municipal. 

 Otro punto conflictivo era, que se estaba produciendo la renuncia de algunos profesores del Colegio Central Municipal para tener exclusividad en la Escuela Normal. Y lo peor aún era que, la Normal estaba alojada en la misma edificación del Colegio Central Municipal. Es decir, esto era una especie de fusión que en breve tiempo creó un cierto malestar.

 Las anteriores situaciones, unidas a la precariedad económica con que se desenvolvía la municipalidad provocaron una de dos: o que desapareciera, como luego sucedió, la Escuela Normal, o que fuese el Colegio Central Municipal. Lo cierto es, que el director de la Escuela Normal, de nacionalidad venezolana, y desconocido en Santiago, por entonces, el abogado y educador León Lameda, fue sintiéndose impotente ante el ahogo económico que tuvo la Escuela Normal, donde los materiales educativos provistos por el gobierno para dotar dicha institución no llegaban, amén, de la apatía de la ciudadanía para inscribirse en ella, pronto la hicieron desaparecer. Al doctor Lameda no le quedó más remedio que presentar su renuncia ante el Ministro de Instrucción, señor Eliseo Grullón. 

 El proyecto de la Escuela Normal en Santiago de los Caballeros duró pocos meses. Sucumbió a mediados del año de 1881, es decir, en el transcurso del primer año del gobierno del Padre Meriño; y esto no fue producto, como se ha querido vender, de posiciones encontradas en términos de visión educativa entre Hostos y el Padre Meriño. No.

 La Normal en Santiago de los Caballeros fracasó producto de ciertos celos manifestados por sectores de la sociedad santiaguera unida a los errores, hasta cierto punto, infantiles, cometidos por las autoridades de entonces, y la situación económica prevaleciente por aquellos días. Vino luego el gobierno de Ulises Heureaux y la enemistad de Hostos con Lilís castró su desarrollo, y al ilustre educador puertorriqueño no le quedó otro camino que autoexiliarse durante más de una década en Chile. Así las cosas.

 El autor es escritor, ingeniero, miembro de la Cátedra “José Martí” de la UASD y de la Real Sociedad de Historiadores.

¿DEBE LA IGLESIA CATÓLICA SEGUIR ACOGIENDO LOS RESTOS DE LILÍS?


Por Jesús Méndez Jiminián 


 “El amor a la Patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes.” - Juan Pablo Duarte


Ulises Heuareux Lilís
  El pasado 17 de septiembre del presente año, apareció en la página 18 del prestigioso periódico vespertino y gratuito de Santiago de los Caballeros, Voz Diaria, Año 2, Número 356, un trabajo calzado con la firma del señor Luis Ramos, en Puerto Plata, cuyo titulo decía: “EN PUERTO PLATA QUIEREN LOS RESTOS DE LILÍS”

 En los detalles del escrito en cuestión, el autor copia textualmente unos argumentos planteados por el director del periódico digital puertoplateño, “PUERTO PLATA HABLA”, licenciado Manuel Emilio Gilbert, donde explica “sus razones” para que los despojos mortales del dictador Ulises Heureaux Lilís, sean trasladados desde la catedral Santiago Apóstol, donde se encuentran hoy, hasta la ciudad de Puerto Plata; y una vez allí, sean colocados en la catedral San Felipe o … un mausoleo que se levante en la necrópolis de su pueblo.Veamos ahora algunos datos sobre el personaje en cuestión. 

Imagen del futuro dictador
Una de las consideraciones que expone el licenciado Gilbert, citado en el aludido trabajo por el señor Luis Ramos, para tales propósitos, es que el dictador Lilis (1845-1899) participó y luchó “a las ordenes del general Gregorio Luperón” en la Guerra Restauradora, obteniendo de dicha campaña el grado de Alférez, “rango con el que formó parte del Estado Mayor del adalid de la Restauración”. Todo eso es muy cierto. Incluso, hay algo más: el propio general Luperón al enjuiciar luego la figura de su antiguo protegido al que acogió como un hijo, señaló de él, que “Fue uno de los más valientes guerrilleros de la Compañía del valiente Capitán Severo Gómez, en Maluis, cuya compañía servía de exploradora y de vanguardia en el sitio heroico de que con sublime bravura sostuvieron dos años contra la Fortaleza. Allí fue herido” Lilís en uno de los combates. (Ver “Notas Autobiográficas y apuntes históricos” del general Gregorio Luperón, Tomo III, página 385). 

 Más adelante, dice el propio general Luperón en estas mismas “Notas Autobiográficas y apuntes históricos” sobre Lilís, esto que copiamos: “Perseguido después por el salvaje General Miguel Lovera, como Gobernador de Báez en Puerto Plata, Heureaux se embarcó y se fue a las Islas Turcas a reunirse …(con Luperón, n. de j.m.j.). Acogido como hijo por Luperón, fue colocado en su Estado Mayor, donde cultivó su clara inteligencia, instruyéndose prácticamente en todos los conocimientos militares”. (p.386). Y en verdad, Lilís, fue astuto, inteligente, sagaz, fabulador, embaucador, simulador; y también logró convertirse luego en un cruel y sanguinario asesino. 

 Asimismo, “para fines del año 1865, a la caída del Presidente Buenaventura Báez, vino (Lilís, n. de j.m.j.) a la Capital- dice Víctor M. de Castro-, acompañando al Gral. Luperón, como Teniente de su Estado Mayor” (Véase “Cosas se Lilís” del citado autor, p.10). 

De Castro luego comenta, que cuando el Presidente Cabral nombró a Luperón como Gobernador de Puerto Plata, éste hizo a Lilís su Secretario particular y “lo ascendió a Capitán” (p.12). Así, en 1867, Lilís, fue promovido por el propio Luperón a “Comandante y designado Jefe del Batallón San Felipe, a la cabeza del cual salía a combatir las fuerzas baecistas que al mando del Gral. Dionisio Troncoso insurreccionaban aquella región”. (Ibíd). 

 Pero hay más. A la caída del gobierno del General Cabral (enero de 1868), Luperón y Lilís junto a otros compañeros, se fueron “a los campos del Sur, año 1869, a combatir al lado del Gral. Cabral, la cuarta Presidencia de Báez, campaña que duró seis años” (1868-1873). Precisamente, en uno de los combates de este periodo, escenificado en el Sur del país, Lilís recibió una herida que puso su vida en peligro; salvó milagrosamente, obteniendo el rango de General de Brigada. 

 Con la llegada al poder de Ignacio María González (noviembre de 1873), Lilís se traslada con Luperón a Puerto Plata sin ocupar cargo alguno, hasta la llegada a la Presidencia del gran patriota santiagués Don Ulises Francisco Espaillat, (abril de 1876), que lo designa en su gobierno de apenas seis meses como Comandante de Armas de la plaza de Puerto Plata.

 Con la caída del gobierno de Espaillat, Lilís se dirige a acompañar al general Luperón a Saint Thomas, y desde allí pasa luego a Juana Méndez, Haití, donde sobrevive montando un negocito o pulpería. Recibió en este lugar un balazo que le “inutilizó el brazo derecho”, dice de Castro en su obra “Cosas de Lilís”, (p.14). Encontrándose en Haití, Lilís recibe a Damián Báez, hermano de Buenaventura Báez, y acuerda con éste que no le hará a su gobierno (el de su hermano, Buenaventura Báez, 1876-1878) campaña revolucionaria. Tiempo después, Báez es echado del poder y sustituido por González (marzo-mayo, 1878), gobierno que dura apenas 56 días, al ser sacado por las fuerzas de Cesáreo Guillermo, en mayo de 1878.

 LILÍS, EL MINISTRO

 Lilís en este nuevo escenario se alía a las tropas del general Memé Cáceres en el Cibao, y logran derrocar a Guillermo (mayo-julio 1878), quien lo había designado, en 1879, Delegado del Gobierno en el Cibao. Ocurre aquí la primera señal de un Lilís traicionero y ambicioso, aventurero y taimado; con sed de gloria y poder, capaz de hacer cuanto sea necesario para conseguir sus objetivos y propósitos sin importar los medios.

 Con la llegada del general Luperón al poder, en 1879, Lilís es designado Ministro de Guerra y Delegado Especial. Sin embargo, el gobierno del prócer puertoplateño seria breve. En 1880, el Partido Nacional o Azul de Luperón continúa en el poder llevando a la Presidencia de la República al Padre Meriño (1880-1882), quien nombra a Lilís como Ministro de lo Interior y Policía, por recomendaciones del propio Luperón, su líder, mentor y guía. 

 “En este puesto-dice Rufino Martínez, en su obra “Hombres Dominicanos” – emplea (Lilís, n. de j. m.j.) hábilmente las argucias que desde años anteriores desplegara con ánimo de conocer en los compañeros y en los contrincantes el lado flaco y vulnerable (algo que luego veremos, quiso experimentar con Luperón, y logró hasta cierto punto, n. de j.m.j.). Es decir, -continúa Martínez señalando –que del trato y conocimiento de individuos de poca significación, pasaba al trato y conocimiento de la gente de cuenta (…) Esta apreciación le valió para los fines personales, muy ajenos a los del partido; pues para ello lo más imprescindible era saber qué políticas le convenía tener de su parte, ya porque pudiesen ser émulos formidables, ya porque en algún sentido le pudieron servir de peana”. (pp.83-84). 

 Ocupando la posición de Ministro de lo Interior y Policía, Lilís, se dirigió en persona hacia el Este del país a sofocar un movimiento insurreccional liderado por el general Cesáreo Guillermo, y estando en el frente de un combate en la loma del Cibao recibió un balazo que le atravesó el pescuezo. “Uno de los generales que dirigían las columnas de vanguardia, viéndole allí tendido sin señales de vida, exclamó: se fuñó el negro. Era servidor suyo en campaña, un haitiano listo y entendido en la cura de heridas mediante hojas y zumos. Tan pronto alcanzó a ver al amo tendido y sangrando acudió a él… y le sacudía con ambas manos la cabeza. El herido volvió (…) A la media hora se incorporó, y requiriendo su sable avanzó hacia los compañeros, que fueron sorprendidos con un ¡pa’ lante muchachos! del que daban ya muerto. Terminada la acción fatalmente para los rencionarías, fue inútil pedir indulto para ellos. Se cumplio la ley, y ejecutaron” hasta un cuñado de Lilís. (p.84-85).


 MERIÑO SE OPONE A LILÍS 


 Lilís se hacia más grande, y pese a las negativas del Padre Meriño para que Lilís le sucediera en la Presidencia de la República (1882-1884), Luperón lo propuso y apoyó para tales fines. Dice el puertoplateño Rufino Martínez en su citada obra, que en este periodo, Lilís, fue “un gobernante ejemplar”, para aquellas circunstancias. Más aún, el propio general Luperón al proponerlo como candidato de los azules, señaló de Lilís lo que a continuación copiamos: “Hoy como ayer, lo repito: si no quiere ver otra vez la anarquía en la República, concentren sus votos a un candidato. Para mi, sólo hay en este momento un hombre, que tiene todo el mérito necesario, el tacto, la energía, la firmeza, que ama a la patria y su partido y que puede gobernar el país: ese hombre es el valiente y patriota general Ulises Heureaux”. (p. 85).

 Al comentar una de las anécdotas de Lilís, en su obra “Cosas de Lilís”, de Castro dice que ante la pretensión de un amigo suyo para que lo colocara en un puesto en aduanas, Lilís le dijo en forma jocosa lo siguiente: “No, mi amigo, yo no le nombro Interventor de Aduanas, por que Ud. hace gritar la gallina al desplumarla”. (p. 42).
El Presidente Lilís rodeado rodeado de algunos 
de sus mas cercanos colaboradores. 
 LILÍS: EL POLÍTICO Y SANGUINARIO 


 Todos conocemos las argucias de Lilís para volver al poder nuevamente; y sobre todo, las artimañas bajo las que se impuso para alzarse con el poder en 1886, comprando voluntades, persiguiendo y asesinando a sus contrarios. Es muy elegante el argumento del periodista Gilbert cuando compara a Santana, que no es santo de mi devoción, con Heureaux, de quien dice que en su natal Puerto Plata, “no hay nada que recuerde su memoria”. Y aquí cabe preguntarnos: ¿Cómo lo van a recordar los puertoplateños, y el país en general, si hasta al propio Luperón fue capaz de engañar Lilís? 

 Luperón, en sus “Notas Autobiográficas” comenta el hecho, de que en la primera administración de Heureaux, según informes que él recibiera de un oficial haitiano, el entonces presidente haitiano Salomón, le obsequio 50 mil pesos oro americanos “para que hiciera triunfar su candidatura” (p.387) y que Heureaux permitió entonces la penetración de haitianos a territorio dominicano, irrespetando así convecciones y tratados.


 No es cierto, licenciado Gilbert, que en este país haya un pueblo con el nombre de Pedro Santana. Hay uno en el Este, en la provincia de San Pedro de Macorís, y es con el nombre de Ramón Santana, el hermano gemelo del caudillo de Las Carreras.



El Presidente Heureaux en el acto de inauguración del
 ferrocarril Santiago-Puerto Plata en agosto de 1897.

 ¿PUEDE LILÍS “RECIBIR UN TRATO MÁS JUSTO DE LA POSTERIDAD”? 

 Veamos lo que dice el propio Luperón de Lilís en sus “Notas Autobiográficas”, licenciado Gilbert: “Es hombre dotado de tacto militar, con brazo de héroe, pero con el corazón intransigente y el espíritu pervertido, esparciendo tenebrosas sombras sobre el brillo de sus hechos gloriosos” ¿Conoce usted, licenciado Gilbert el llamado “Código de Lilís” o “Código de la muerte”

 Ya vimos en las anotaciones anteriores “los hechos gloriosos” de Lilís, que Luperón, carente de toda mezquindad es capaz de hacernos conocer con elegancia y humildad. Ahora bien, ¿Cuáles son esas tenebrosas sombras que opacan el brillo de la figura de Lilís, según el propio Luperón?


 Al parecer son muchas, licenciado Gilbert. Le empezaré a recordar, licenciado Gilbert, que el propio Luperón en sus “Notas Autobiográficas” llama a Lilís, hombre de “…insaciable y funesta ambición de mando”, que “sin fijarse en la ineficacia de los crímenes, ni en la irregularidad de las formas, ni en lo horrible de las súplicas, ni siquiera sobre la cuenta que la posteridad pedirá a su memoria, - como hoy se la pido yo -, creyendo que la audacia y la fuerza justifican las faltas y las injusticias, por lo que teme inmolar la libertad de un pueblo a su maligno capricho y asesinar por odio y envidia, a centenares de sus compatriotas”. (Tomo III, pp. 386-387)


 Oigan bien, licenciado Gilbert y señor Ramos, no lo digo yo, lo dice el general Luperón: Lilís asesinó “a centenares de compatriotas” durante su dictadura.


 Más aún, en 1888, para Lilís alzarse con el poder nuevamente, actuó con felonía hacia el general Luperón. En la ocasión le dijo Luperón a Lilís, que era éste: “Enemigo del mérito ajeno, hinchado de vanidad y de odio, la sed de oro y de sangre, lo ha endurecido hasta el extremo de arrastrar con crueldad a la nación como a una turba, a aplaudir sus crímenes y sus iniquidades, mientras que acusa a los verdugos que emplea y engaña a las victimas por él sacrificadas”. (p. 389). 



 Y más adelante dice el general Luperón de Lilís: “Su mayor designio es gobernar siempre a la nación de voluntad o por fuerza, y poco le importa saber la opinión que se forme de él, ni lo que el destino reserve a su monstruoso predominio. Y, aunque el espíritu nacional de un país no perece nunca y hay que esperar mejores gobernantes en el porvenir, tenemos que confesar – dice Luperón – que ningún gobierno fue más horrible y criminal para su patria, ni más funesto para la historia de esta. 

 Sí, el gobierno de Heureaux es el cúmulo de todos los crimines que degradan la República y mancillan sus glorias. (…) La Historia se encargará de decir lo demás de la vida política de este malhechor de Estado, que subyuga la nación, y abate y humilla a sus compatriotas”. (p.390). 

 LAS ARGUCIAS DE LILÍS PARA ENGAÑAR A LUPERÓN


 Encontrándose el general Luperón en París, en 1887, donde había ido a recuperar su salud por recomendaciones médicas, recibió allí varias cartas de Lilís “suplicándole aceptar la representación de su gobierno en Europa”. (p.242 en “Notas Autobiográficas”, Tomo III). Luperón rehusó aceptar tal propuesta. Pero antes, “Heureaux había escrito al Doctor Betances a París en el sentido de que Luperón conviniera en presentar su candidatura en las próximas elecciones, mientras él, Heureaux, se ocupaba con el Congreso en cambiar la ley del sufragio universal…” (p.243).

 Lilís le envió al general Luperón, una vez este llegó a Puerto Plata varios emisarios suyos para que aceptara. Incluso, Lilís viajó desde Santo Domingo a Puerto Plata en varias ocasiones a entrevistarse con su jefe con tal de convencerlo. Pero nada valió. Luperón lanzó en Puerto Plata, el 8 de julio de 1888, un “Manifiesto” a todos sus conciudadanos para que fuese discutido,- que de seguro le cayo como una bomba a Lilís- y entre otras cosas, decía lo siguiente:


 “El gobierno no debe ser el de un partido, sino el de todos los dominicanos, y para una buena administración del Estado, todos los partidos tienen perfecto derecho a tomar parte en las funciones y puestos públicos. Solamente entonces sus luchas serán pacíficas en el terreno de la Constitución. Cualquiera que sea la mayoría que haya llevado los gobernantes al poder, ellos no han de olvidar que las opiniones de las minorías no deben ser desatendidas, sino respetadas, consideradas y discutidas de buena fe. Ese respeto lo deben plenamente los jefes de Estado y todos los que tienen la honra de servir a la nación. Asimismo se le deben al pueblo, a sus legítimos derechos, a sus intereses, a su cultura, a su honra, a su bienestar, a su progreso y a su paz; y además, le deben el ejemplo de justicia, de patriotismo, de honradez, virtudes republicanas y democráticas” (pp.249-250). 


 Y al final, decía el noble y grande General:


 “Es deber de los gobernantes esmerarse en labrar la felicidad de todos los habitantes de la República, en la familia y en la patria.



 Los buenos gobiernos son aquellos que hacen dignos, instruidos y felices al mayor número posible de ciudadanos. Así, no hay gloria superior para un gobernante, al terminar su mandato, que la de dejar a sus conciudadanos la paz, la civilización, la prosperidad y la libertad”. (p.250). 

 En aquellos días de reflexión para el enaltecido General, Pedro Francisco Bonó, el Padre Meriño y Manuel de Js. Galván le expresan su solidaridad; y entre ellos, Meriño, en fecha 28 de julio de 1888, le ponía en aviso, lo siguiente sobre las artimañas de Lilís: 

 “Ya Lilís está definido y acepta su reelección y tiene en su apoyo el elemento oficial que, sin duda alguna, ejerce en la Republica la influencia más eficaz. 

 Supongo- le dice Meriño- que cuando Ud. se decidió a presentar su candidatura, creyó contar con la cooperación de aquel, por lo mismo que ni era prudente que Ud. se lanzase exponiendo su capital político al azar, luchando con tal oposición; ni tampoco le traía a Ud. honra eso de tener que discutirle o disputarle a él el puesto de la Presidencia; ni mucho menos debía Ud. confiar en la mayor parte de los hombres del día, más dispuestos a correr tras el deshonor, los unos por su provecho personal y los otros por opocamiento de ánimo, que a elevarse por el respecto a su propio decoro. Y puesto, que las cosas no se presentarán como Ud. quizás se lo imaginaba, paréceme vale la pena reflexionar”. (pp.251-252). 


 LILÍS ESPERA DINERO PARA COMPRAR VOLUNTADES

 ¿Cuáles circunstancias se produjeron entonces en el país? 
Veamos: Lilís recibió las buenas nuevas de que las gestiones de un nuevo empréstito, en Holanda, con los banqueros Westendorp y Mathieu, ya estaba acordado, por la suma de “cinco millones de pesos en libras esterlinas”. Sin embargo, Lilís jugaba al tiempo a la espera del dinero, mientras aquí “engatusaba” a Luperón haciéndole firmar en fecha 3 de septiembre de 1888, en Puerto Plata, un acuerdo que luego Lilís incumplió bajo el infeliz alegato de que “sus amigos le exigían que presentara su candidatura otra vez”. (p.254).

 Se lanzó entonces Lilís, dice Luperón “Con todos sus mandarines a conquistar a la fuerza y por todos los medios más incomodos y arbitrarios, prosélitos para alcanzar su reelección. El dinero se daba a chorros, como que no era propio, sino del Estado. Entonces se vio-añade Luperón- más que en los tiempos de González, una corrupción espantosa”. (p.257). 

 El general Luperón ante tan vergonzosa y asquerosa acción, optó por renunciar a la candidatura, pues, Lilís junto a sus acólitos, se dieron a la tarea de perseguir a todos los miembros de los comités que trabajaban en apoyo a Luperón. Es más, protegidos de Luperón, en Puerto lata, como el general Federico Lithgow, que ustedes deben conocer la historia señores Ramos y Gilbert, “se vendió secretamente al general Heureaux por una suma de dinero y un Ministerio” (p.265) como luego ocurrió. Este Lithgow era nada más y nada menos que “un agente y espía” de Lilís al lado de Luperón. Todos los documentos importantes del general Luperón, Lithgow se los enviaba a Lilís; y les decía por lo bajo a los partidarios de Luperón en el Este y el Sur que “había renunciado a su candidatura” para la Presidencia.

 Pero, por otro lado lo que quería Lilís era simular una guerra civil en el país, para quedarse con una buena parte del empréstito en cuestión, alegando que tal suma había sido erogada por su gobierno para “sofocar revoluciones”. Con otro general, Manuel María Almonte, quien también apoyaba a Luperón, pero que era “amigo del dinero”, y Lilís lo sabia, éste le llegó a decir en una ocasión: “General aquí tiene Ud. quinientos pesos; hágase neutral, y cuando pasen las elecciones le daré a usted otros quinientos”. A partir de aquel día, Almonte le dijo a Luperón que ya no estaba con su candidatura. ¡Se le vendió también por unos pesos más!  

Licenciado Guilbert, como podrá ver, Lilís fue capaz de todo, hasta de engañar a su padre espiritual y guía revolucionario. Decía el legendario guerrillero argentino Ernesto-Ché-Guevara que los traidores sólo merecen una cosa: ser fusilados. El patricio Juan Pablo Duarte lo decía con estas palabras: “Mientras no se escarmienten a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre victimas de sus maquinaciones”. 


 ALGUNAS ANOTACIONES FINALES

 Luperón no se equivocó al pintarnos el país que teníamos licenciado Gilbert, en los años 90 del siglo XIX, donde la engrasada maquinaria lilisista lo controlaba todo:

 “Hoy-decía Luperón-…vemos al país dominado por una oligarquía violenta, que no podrá ser estable por su tiranía, y a la cual todos los partidos tienen que pedir estrecha cuenta, por sus injustos atropellos, por sus horrorosos asesinatos, por la deshonra nacional, por la ruina de la patria que languidece en la profunda oscuridad de un gobierno despótico y absoluto”. (p.32).

 Y al enjuiciar a Lilís en estos años, en sus “Notas Autobiográficas” el noble general restaurador dice:“(…) el salvaje general Heureaux, hace mil veces peor que uno y el otro (al referirse a Santana y a Báez, n. de j.m.j.) para acabar con el país y para cumplir su deseo de bárbara venganza, como descendiente que es de Haití. No tiene este forajido más móvil que el amor maldito del poder, del oro y la supeditación de todos los derechos”.

 Ante tan dramáticas palabras del prócer Luperón, de su pueblo, Puerto Plata, licenciado Gilbert, y ante tantas verdades históricas de los hechos en lo que actuó su coterráneo Lilís, cabría entonces preguntarnos: En Puerto Plata, ¿Quiénes quieren los despojos mortales del dictador Lilís? 

 No se equivocaba Luperón cuando decía de Lilís, que “La historia se encargará de decir lo demás de la vida política de este malhechor de Estado”. Lilís fue más sanguinario que Santana, que Báez y posiblemente hasta que el propio Trujillo. No creo que en el “amado pueblo” suyo quieran venerar las cenizas de un déspota tan cruel y bárbaro como Lilís. Pero si aparece alguien más, además de usted, licenciado Gilbert, favor de hacerlo saber al pueblo dominicano. Ya muy bien lo dijo José Martí: “La Patria es agonía y deber”. Pues, no creo que la Iglesia Católica dominicana deba continuar albergando en sus recintos una figura tan bárbara y abominable como Lilís, para hacerle juego a su pálida frase, señores Gilbert y Ramos, de que “O jugamos todos o se rompe la baraja”.


Vista interior de la remodelada Catedral de Santiago, donde 
descansan los restos de Lilis. Foto cortesia del Autor.

Lugar  donde se encuentran en la Catedral de Santiago
 los restos de Lilis. Foto cortesia del autor.



Santiago de los Caballeros, R.D.
25 de septiembre de 2012.

El autor es ingeniero, escritor, miembro de la “Cátedra José Martí” y de la Real Sociedad de Historiadores.


LA PRESENCIA GERMANICA EN PUERTO RICO

viernes, 5 de octubre de 2012

A continuación les presentamos la primera parte de un ensayo escrito por la renombrada historiadora puertorriqueña Dra. Haydee Reichard de Cancio y que hemos reproducido con la autorización expresa de revistaholapr.com

LA PRESENCIA GERMÁNICA EN PUERTO RICO : PARTE I


Por Haydee Reichard de Cancio PhD


Desde 1788, cuando se promulgó la Ley de Comercio Libre,comienza. una inmigración de peninsulares a Puerto Rico. Años más tarde, bajo la Cédula de Gracia de 1815, la Corona permite la entrada de extranjeros al país, hijos de naciones amigas de España y que profesaran la Fe Católica. La Metrópolis quería mejorar la precaria condición en que se encontraba la Isla y deseaba implantar una política económica más dinámica aumentando la población y por ende la economía. La inmigración de extranjeros provenientes, entre otros, de Alemania, Francia, Italia, Curazao, San Thomas e Inglaterra ayudó grandemente al progreso de la Isla.

¿Qué hizo venir a tantos extranjeros a la Isla? La Cédula de Gracia de 1815 ofrecía un sinnúmero de incentivos a los recién llegados para comenzar una nueva vida. Muchos de los inmigrantes ya tenían alguna relación con el país por haber establecido relaciones comerciales a través de las islas de San Thomas y Curazao. Otros, procedentes de Santo Domingo, Haití y Louisiana conocían del manejo, cultivo y producción del azúcar, melado y café. El profesor Francisco A. Scarano describe a los extranjeros: “Estos inmigrantes combinaban intereses mercantiles con sus negocios azucareros o, más comúnmente durante los primeros tiempos, actuando como consignatarios, factores o intermediarios de los comerciantes poderosos de San Thomas, Estados Unidos o Europa... Los negocios mercantiles constituían una magnífica fuente de capitales de inversión agraria”. Los alemanes, según la profesora Helen Santiago, pagaban tarifas sumamente altas al gobierno inglés por los productos del trópico como el café, azúcar y el tabaco. Con el establecimiento de líneas trasatlánticas de vapores los alemanes deciden comerciar directamente con la Isla y dejan de utilizar el puerto de San Thomas.

Es bueno señalar, que tan temprano como en el año 1766, el gobierno del rey Federico de Prusia solicitó del Rey Carlos III, el establecer en Sur América o particularmente en la Isla de Puerto Rico una colonia de seis mil alemanes. Años más tarde, en 1874, el periódico norteamericano The Freeman's Journal publicaba la noticia que el gobierno español, presidido por el Duque de la Torre, proyectaba ceder la Isla a la Alemania del Gran Canciller Otto Von Bismarck, “por vía de compensación por los servicios que éste había suministrado para yugular la insurrección carlista. (Cruz Monclova) En la Isla la noticia causó grandes revuelos aunque el proyecto quedó frustrado.

En 1885, cuando el emperador alemán Guillermo I se apoderó de las Islas Carolinas, el pueblo puertorriqueño se puso en pie de alerta y condenaba la acción germánica. El Boletín Mercantil en sus ediciones #105 y 120 leía: “En esta Isla podrá haber separatistas, podrá haber anexionistas amigos del Norte, pero de seguro que no existe en ellas ni un solo germanista. Si Prusia tratara de ponernos en la alternativa de perder nuestra nacionalidad o nuestros hogares, todos los que podemos manejar un fusil nos opondríamos, con las armas en mano, a la prusificación de la tierra borinqueña”.

Señala la profesora Ursula Acosta que la inmigración germánica a Puerto Rico comienza desde fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX y proviene parcialmente “de la isla holandesa de Curazao y de las provincias de Austria que hoy pertenecen a Yugoslavia”. Ésta se efectuó mayormente en las poblaciones costeras de Fajardo, Arroyo, Ponce, Cabo Rojo, Mayagüez y Aguadilla. Pronto aparece en esas ciudades un auge económico debido a las compañías mercantiles que se iban estableciendo en sus cercanías. Pero no todos los inmigrantes alemanes eran propietarios de almacenes comerciales. Muchos eran intérpretes, agricultores, agentes consulares, profesores, dependientes, empleados de comercio, contables, ebanistas, carpinteros y desempeñaban otros oficios más. Añade la profesora Ursula Acosta: “No son pobres emigrantes que salen de Europa en busca de una mejor vida en América. Al contrario, al parecer muchos de ellos eran hijos de comerciantes alemanes del norte del país (Hamburgo, Bremen, Lübeck) que representaban en el Caribe los negocios de sus familias... la preparación de estos inmigrantes estaba muy por encima de la preparación del pueblo”.

Tal es el caso de la familia Overmann en Puerto Rico. Se asegura que el señor Ferdinand Overmann, natural de Hamburgo, desde 1815 mantenía relaciones comerciales con la isla de San Thomas. Luego se domicilia en la Isla trayendo consigo 20,000 pesos y esclavos de su propiedad. Compra la hacienda La Constancia y se asocia con el alemán Wilhelm (Guillermo) Voigt. Años más tarde, ya rico, se retira a Francia. Es seguido por Ernest W. Overmann quien forma un establecimiento comercial en la ciudad de Ponce en sociedad con Flavius Dede. Ernest es seguido por otro miembro de esta familia, llamado Christian Frederick Overmann quien llega a la Isla acompañado de su esposa Henrietta Lind. La pareja adquiere una hacienda de 800 cuerdas en Guayama, la que llaman Henrietta. Al morir Overmann, su viuda y herederos venden a Christián E. Lind, hermano de Henrietta, quien aumenta el capital con la adquisición de la hacienda La Concordia y establece una casa comercial. Para 1850, Lind tiene que hipotecar sus propiedades, una parte a nombre de George Boom, de Lübeck, Alemania, y otra parte, sus fincas, a favor de Aldecoa Hermanos.

Encontramos que muchos de estos alemanes se unen en el trabajo, en un espíritu de solidaridad. Así lo demuestran firmas comerciales como Fritze & Lundt, Sanders & Philippi, Hermanos Müllenhoff & Korber, A. H. Bull & Cía. y muchas otras. Además, los contables, tenedores de libros y técnicos de estos comercios eran en su mayoría germánicos. Otros no sólo adelantaban sus capitales uniéndose en matrimonios a hijas de hacendados o comerciantes de raíces españolas, sino que formaban sociedades con ellos. También las sociedades entre europeos eran frecuentes. En el puerto de Arroyo se estableció la mercantil Hartmann & McCormick. La factoría central Providencia en Patillas era propiedad de la Sucesión A.J. Alcaide, McCormick, Verges y Riefkohl.

¿Cómo adquirirían parte de las riquezas las casas o establecimientos de comercio en el siglo XIX? Aunque el agricultor era dueño de sus tierras no tenía dinero en efectivo. Por esa razón tenía que coger a crédito los víveres y hacer otros gastos en espera de que la cosecha o zafra le produjera para pagar la deuda. Según ésta crecía, se veían en la obligación de vender sus cuerditas, ganado y hasta esclavos. En muchas ocasiones perdieron parte o todo a comerciantes. Un ejemplo es el caso del agricultor italiano Domingo Morando, domiciliado en Ponce para 1821, quien tiene que vender a la casa comercial Overmann y Voigt una finca de 27 cuerdas para saldar una cuenta con el señor Gillo de San Thomas. En 1821 la casa comercial Overmann adquiere un esclavo de propiedad de Angel Sierra, al éste no poder pagar una letra de 400 pesos, ni los prestatarios aceptar 200 pesos de pronto, para luego que pasara la cosecha pagarles el resto de la deuda.

Mientras el puerto de San Juan se convirtió en el gran puerto de importación, los puertos de Arecibo, Cabo Rojo, Arroyo, Mayagüez, Aguadilla y sobre todo el de Ponce se convirtieron en los principales puertos de exportación. El profesor Francisco Scarano revela que para 1827 de las ocho haciendas más grandes de la ciudad de Ponce, tres pertenecían a germánicos. Menciona los apellidos Overmann, Voigt, Wedstein y Oppenheimer.

Nuestro primer Comisionado Residente en Washington (l900-1904) y Diputado a Cortes en l898 Federico Degetau y González fue también de origen alemán. Su padre Mathias Degetau, hijo de una familia acaudalada de Hamburgo se estableció en Ponce donde dirigió los negocios bancarios de la Casa Overman y Dede, de la cual su padre Otto George Christian Degetau era socio. En l851 casó con María Consolación González, hija de una distinguida familia de San Juan. Su hijo Federico viajó mucho por Europa e hizo sus estudios de jurisprudencia con honores en España. Fue incorporado a la Academia de Jurisprudencia y Legislación era miembro de la Societé Francaise pour l'Arbitrage entre Nations de la Liga International para la abolición de la pena de muerte.

Alrededor de l860 se establece en la Cuidad Señorial, el comerciante George Friedrich Wiechers, natural de Hamburgo. En l865 Wiechers es nombrado Cónsul de Prusia. Con su esposa, Isabel Pieretti Marsaud, de origen corso, procrea cinco hijos. El más joven de ellos, Alfredo Braulio Wiechers, nacido en l881 en Ponce cursa estudios de arquitectura en Francia y España y al regresar se destaca por el diseño de sus bellas obras de arquitecturas que hoy en día embellecen el centro de Ponce.

























En l890 llegaron los hermanos Hermann y Johann Albert Wirsching Pottharst, originarios de Bremen, a la Perla del Sur. Hermann Wirshing se casa con la hija de don Juan E. Serrallés, Julia, a quien conoció en Nueva York. Siendo un prestigioso ingeniero mecánico comienza a trabajar en la Central Merceditas y siendo un hombre laborioso y de iniciativas introduce diversas reformas en dicho negocio. Una de sus nietas, doña Lila Mayoral Wirshing fue Primera Dama de Puerto Rico durante los tres cuatrenios que su esposo, el Lic. Rafael Hernández Colón fue Gobernador de Puerto Rico. JohannAlbert o John Wirshing Pottharst (mejor conocido como Johnny el Alemán) se mudó a San juan donde se casó con Victoria Lagalde Steinacher. El fundó su propio negocio de ferretería. Su único nieto, Hernán José Wirshing es en la actualidad el Chief US Marshall de Puerto Rico.

Es curioso que mientras los alemanes que se establecen en Ponce se dedican a la agricultura, banca y el comercio, los que residen en la zona de San Germán, según datos suministrados en el Catálogo de Extranjeros, de la profesora Cifre de Loubriel, son trabajadores diestros, que tienen algún oficio. Entre otros están Juan Carres y Wilhelm (Guillermo) Franke (carpinteros), Franz Nitsche (zapatero), Otto Schimk (maquinista). No encontramos evidencia de grandes comerciantes ni agricultores germánicos en la ciudad de las Lomas. Lo atribuimos a que aquí residía la elite criolla, siendo ésta una sociedad cerrada donde ciertas familias controlaban las tierras y el comercio. No obstante para 1939 se domicilia en esta ciudad el doctor Fritz Fromm. Trabaja como profesor en el Instituto Politécnico, lo acompaña su esposa Ilse Auguste Elisa Pflaum.

Los inmigrantes germánicos de la zona sur-este tienden a dedicarse a la agricultura. Brake Riefkohl es agricultor y propietario en el pueblo de Maunabo y agente consular de Alemania en Arroyo. Karl (Carlos) Piterson, súbdito alemán, se establece como agricultor en Arroyo. En el pueblo de Santa Isabel se domicilia el agricultor Georg (Jorge) Lassen. También se evidencian algunos inmigrantes dedicados al comercio como los señores Hartmann y Ernst (Ernesto) Riefkohl en Arroyo. La profesora Ursula Acosta a través de su instructivo ensayo sobre la inmigración germánica en Cabo Rojo nos señala la procedencia de algunos de los inmigrantes. Entre ellos se encuentran la acaudalada propietaria Cornelia Bey; el padre del pirata Cofresí, Francisco Von Kupferschein y un tal Wilhelm Spieker. Apunta la profesora Acosta: “el nivel educativo de estos inmigrantes debe haber sido relativamente alto... Muchos miembros de estas familias se conviertan en acomodados hacendados, otros en exitosos comerciantes...”


En la zona portuaria de Mayagüez, por ser ésta la tercera en importancia para la exportación se domicilió el mayor número de alemanes. Entre las casas comerciales de esa localidad se encuentra Kramer &Cía. En ella trabajaba el alemán Heirich Karl Fritze, quien en julio de l898 durante la Guerra Hispanoamericana era Cónsul de Alemania, y en unión a los cónsules de Inglaterra y Holanda intervinieron en la salida de las tropas españolas de Ponce hacia Abonito y la entrada pacífica de las tropas norteamericanas a la ciudad de Ponce. Esta acción diplomática evitó un derramamiento de sangre de mayores consecuencias.

Otro de los reconocidos comerciantes lo fué Schulze de Bremen. Este señor invitó a su amigo Friedrich Phillipi, también de Bremen, de venir a Mayagüez como socio de sus empresas que desde entonces se llamó Schulze & Cía. Friedrich Phillipi aparte de manejar su negocio era banquero y Vice Cónsul de Alemania. El negocio le fue tan bien que hizo venir primero a su hermano menor Hermann. Pero este murió a pocos años de llegar a la Isla. En 1889 Fritz, Vicecónsul de Alemania animó a su sobrino Otto Karl Philippi a que se viniera a Puerto Rico a trabajar con el . En l891 Otto Philippi contrajo matrimonio con Paula Bages Quiñones y procrearon cinco hijos. Al poco tiempo la Firma Fritz &Schulze quebró debido a los temporales. En l898 el Sr. Philippi fundó con George Sanders la compañía Sanders Philippi &Cía. en Aguadilla. Años más tarde el Sr. Philippi se dedicó a la extracción de guano de la isla de la Mona y su exportación a Europa para fines de fertilizantes. Otros comerciantes alemanes en la zona fueron: el comisionista T. Schröder, la casa mercantil Fritze, Lundt & Cía., los comerciantes Eduard (Eduardo) Lameyer, Leopold Krug Vice Cónsul de la Confederación de la Alemania del Norte desde l869; E. A. Hohl, C. G. Hoffzenlinger del Consulado de Hamburg y Bremen en Mayagüez; Máximino Heise y Karl (Carlos) Degener. También se estableció en la Sultana del Oeste el empresario Jacobo de Castro, hijo de padre alemán y madre antillana. Este joven fue uno de los comerciantes más prósperos de la zona siendo dueño de haciendas y terrenos en la capital y en Mayagüez. Por ser mulato, jabao, nunca pudo frecuentar en el Casino Español ni ser miembro del ayuntamiento, aún cuando tenía riqueza, educación y magníficos modales. Podemos encontrar información adicional sobre este comerciante en los escritos del profesor Ricardo Camuñas.

La capital se mantuvo como el gran puerto importador, controlado mayormente por peninsulares. Los barcos que arribaban eran en su mayoría de matrícula española. Sin embargo, encontramos algunos datos de germánicos que se establecieron aquí. Para 1832 el profesor Johann (Juan) Kifenhover, natural de Alemania, funda una escuela en San Juan. En una rama diferente del comercio Moritz (Mauricio Meyer Sunz). Domiciliado con residencia en la capital, se dedica a la joyería. Para el año 1848, Gustin, retratista de daguerrotipo, se establece en el Viejo San Juan. Para 1885 es nombrado para el cargo de Cónsul de Alemania en Puerto Rico el comerciante Ludwig Duplace. Rudólph Elvers, comerciante comisionista, en l868 es designado Cónsul de Prusia en Puerto Rico. En l880, Adolfo Rauschenplar, natural de Hamburgo llega a San Juan y se dedica al negocio de exportación de mieles de la caña de azúcar. Fue nombrado Cónsul de Alemania en Puerto Rico a principios del siglo pasado. La Familia Rauschenplat tenía su residencia en al Ave. Ashford (antes Nereidas). Todavía existe esta bella casa de dos pisos. En las últimas décadas la residencia ha sido modificada y utilizada por la cadena de restaurantes “Chart House”. Entre las sociedades mercantiles alemanas en la capital estaban la de los Hermanos Müllenhoff & Korber, Fritze, Lundt & Cía., Mas Mecer & Cía.., Federasen Willenk & Cía..; agentes de compañías de vapores eran los Behn Brothers, Bull Insular Lines y Hamburg-América Line.

Johannes Paul A. Tischer, oriundo y residente de Hamburgo, era dueño de un negocio de importación y exportación y dueño de una línea de barcos de vapores, los cuales frecuentaban los puertos del Caribe y los Estados Unidos. Al principio del siglo pasado él envía a sus dos hijos Walter y Otto Tischer a Puerto Rico con el fin de establecer un nuevo negocio de la familia en San Juan, importando mercancía fina de Alemania. Walter Tischer se casó en l915 con Carmen Vázquez Díaz, hija del escritor puertorriqueño Manuel Vargas Alayón. La pareja Tischer jugaron un papel muy importante en el desarrollo del ballet en Puerto Rico. El negocio todavía existe bajo el nombre “Tischer&Co. Inc.

En 1885 llega a la Isla, Johann Diedrich Stubbe, nacido en Bremen, para trabajar en la Central Los Caños de Arecibo propiedad de la empresa de Bremen Sucs. E. Pavenstedt. Luego de dos años se muda al la Capital donde maneja una empresa de textiles. Luego, en l910 le sigue uno de sus hermanos menores, Friedrich Stubbe, a Puerto Rico y para l916 establecen su propio negocio “General Farm Equipment Cía.” J.D. &F. Stubbe. Además tienen una fábrica de abono y la finca “Miramontes” en Cidra donde sembraron caña, tabaco y cítricos. Estos dos hermanos alemanes contrajeron matrimonio con dos hermanas, hijas del Alcalde de Bayamón , don José Cestero Umpierre. Johann se casa con Estela en l900 y Federico con Delia Cestero en l912. Cabe mencionar que Johann Stubbe escribió un interesante diario sobre los acontecimientos históricos de los años de l898 y 1900 cuando las tropas norteamericanas invadieron a San Juan. El diario, escrito en alemán y letra gótica, está en posesión de su hija, doña Augusta Victoria “Tuttti” Stubbe Besosa.

En la ciudad de Arecibo se encuentra Edward Roehrs,nieto de Julius Wilh. Carl Roehrs natural de Hamburgo, quien en l864 embarcó para New Jersey a trabajar con Michel Lienau como horticultor en una finca. Edward Roehs ha seguido la tradición familiar con su finca de plantas exóticas que conocida en todo Puerto Rico.

El profesor Herman Reichard Esteves describe la presencia alemana en Aguadilla. “Después de los catalanes, fueron los alemanes quienes más contribuyeron al florecimiento de la economía Aguadillana. Fundaron varias empresas mercantiles e industriales, de las cuales aún subsiste la de la familia Sanders. Fue la primera la de Schröder era socio gestor en Aguadilla; Koppisch y Reichard, en la sucursal de Mayagüez; y Schomburg en la de Arecibo”. Le siguieron los comercios de los señores Robert Schnabel, H. Kuster, Ernst (Ernesto) Lienau, B. Muller, J.W. Bultmann, H. Ganslandt, Karl Klaus Lundt y Georg (Jorge) Sanders.